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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 787

Al cerrar la puerta, Lilia bajó al jardín para seguir hablando.

Por otro lado, la mansión Lira estaba iluminada.

Sofía y Lorenzo regresaban de Playa Norte, caminando tomados de la mano. Al llegar a la puerta principal de la casa, vieron a Ximena esperando.

—Felicidades —dijo Ximena, con la mirada baja y una expresión aduladora, totalmente despojada de la arrogancia que mostraba cuando estaba con Isabel. Como temía ser ignorada, forzó una sonrisa—. Tiago tiene un poco de fiebre, vine a acompañar a mi hijo.

Lorenzo siguió jalando suavemente de la mano de Sofía, ignorándola.

—Por favor, un momento —Ximena bloqueó el paso de Sofía—. Tengo un par de cosas que me gustaría hablar contigo a solas.

El rostro de Lorenzo se endureció.

—Lo que tengas que decir, dilo aquí.

—Yo...

—¡Dilo en mi cara!

Ximena sabía que sus acciones pasadas le habían quitado el derecho de exigir confianza o respeto. Levantó una bolsa de regalo de forma servil.

—Sofía, primero que nada quiero pedirte perdón. ¡Lo siento mucho! En el pasado... escuché las mentiras de Isabel y me dejé llevar por el mal camino.

—Te ruego que me perdones.

—Y bueno, este es un pequeño obsequio, les deseo lo mejor a ti y a Lorenzo.

Sofía no hizo el menor intento de aceptar la bolsa.

Al ver esto, Ximena agarró apresuradamente la mano de Sofía, le encajó el regalo en la palma y salió corriendo.

Corrió de un tirón hasta la habitación de Lucas en la planta alta.

Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.

En los últimos días, tras ver las noticias sobre el arresto de Isabel, el arrepentimiento la había invadido.

Por eso había dejado a un lado su orgullo para intentar hacer las paces con Sofía.

En la gran recámara, Lucas y su hijo ya estaban dormidos.

La pequeña lámpara de piso estaba encendida.

El hombre dormía de lado, frente a su hijo y dándole la espalda a la puerta, y los músculos de su espalda desnuda se veían firmes. Ximena clavó la mirada justo debajo del omóplato; recordaba que cuando solían hacer el amor, a ella le encantaba clavar sus uñas allí.

Seguramente todavía tenía cicatrices de sus arañazos...

Un fresco aroma a gel de baño flotaba en el ambiente, avivando el fuego de los recuerdos de su matrimonio.

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