Sofía le lanzó a Lilia una mirada gélida.
—¿Por qué tendría que pedirle perdón a Isabel?
Como sentía remordimiento y miedo, Lilia no se atrevió a replicar de inmediato, pero Isabel se adelantó.
—¡Porque estás en el territorio de la señorita Salinas y le has causado un daño grave a su amiga!
—Porque este edificio es suyo y ella tiene derecho a hacer lo que le plazca —añadió la gerente de la tienda.
Incluso entre los curiosos se empezaron a escuchar murmullos:
—Qué falta de educación. La Plaza Diamante es propiedad de la familia Salinas de Rosarito. ¿Qué hace una simple empleada buscando problemas con una familia de tanto poder?
Sofía paseó su mirada sobre todos los presentes.
—Abran bien los oídos. ¡Este edificio es mío!
El grupo de Isabel estuvo a punto de soltar una carcajada, pero justo cuando se les curvaban los labios, Julián, el gerente general del centro comercial, apareció apresurado con un grupo de ejecutivos detrás de él.
—¡Mil disculpas, mil disculpas! Señorita Sofía, lamento el atrevimiento —dijo Julián haciendo una profunda reverencia.
—¿Qué está pasando? —Isabel miró de reojo a Lilia.
Hasta ese momento no creía que Sofía tuviera la capacidad de ser la dueña de la Plaza Diamante. Sabía que estaba involucrada con Lorenzo, y aunque la familia Lira era inmensamente rica, este lugar era un edificio emblemático con más de cincuenta años de historia, una propiedad heredada por la familia Salinas, valorada en más de dos mil millones, una de las plazas comerciales más prestigiosas del país.
Lorenzo no gastaría una fortuna para comprarle un edificio a una mujer divorciada como ella.
Y la familia Salinas jamás vendería el patrimonio de sus ancestros a un forastero.
La encargada de la tienda todavía tuvo el descaro de preguntarle a Julián:
—Gerente Julián... ¿acaso hubo un error?
—¡Cállate! —Julián la fulminó con la mirada.
La encargada dio un salto por el susto.
—Sí, señor.
—¡Pídele perdón a la señorita Sofía! —bramó Julián.
Esto...
Isabel finalmente se dio cuenta de que algo estaba terriblemente mal.
Jaló con fuerza la muñeca de Lilia.
—Amiga, ¿qué está pasando? Dime algo.
Lilia bajó la mirada.
—Este edificio... yo... lo transferí.
—¿Qué? —exclamó Isabel, horrorizada—. ¿Por qué no lo dijiste antes?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...