—¡Estúpida! —replicó doña Salinas con furia—. Lorenzo ya se vengó de Lilia y Clara por intentar hacerle daño a Sofía. Si se entera de que Lilia fue secuestrada, saltará de alegría. Si él interviene, te aseguro que solo salvará a Sofía.
¡Eso dejaría a Lilia en mayor peligro!
¿Qué pasaba si los criminales, sin ningún código moral, decidían matarla?
Doña Salinas se llevó la mano al pecho, aterrada por el pensamiento.
No, no podían avisarle a Lorenzo.
En todo el mundo, Sofía no tenía a nadie más que a Lorenzo para apoyarla. Si bloqueaban esa opción, Sofía seguiría siendo la compañera de Lilia en el cautiverio.
Si los secuestradores entraban en pánico o querían desquitarse, Sofía estaba ahí para absorber el impacto. Ella sería la primera en recibir los cortes o las torturas.
Mientras Sofía estuviera al lado de Lilia, serviría como su escudo protector.
Dicho crudamente, Sofía era el peón de sacrificio. Su vida no le pertenecía a ella. Su vida no valía nada frente a la de la princesita.
—Sofía... es la hija que yo di a luz —murmuró Josefina con profundo dolor.
Últimamente, algunos de los malentendidos con Sofía se habían ido aclarando. Josefina había empezado a notar que su verdadera hija era en realidad una mujer excepcional, que no le pedía nada a Lilia. Sofía era de buen corazón. Con un poco más de tiempo, estaba segura de que la cuidaría en su vejez y la amaría tanto como Lilia.
No quería sacrificarla.
Doña Salinas dio un golpe en el piso con su bastón, y sus ojos se llenaron de lágrimas de impotencia.
—¡Es una situación crítica! ¿Acaso tenemos otra opción?
Cuando estás obligado a elegir entre dos opciones, tienes que salvar la que es más valiosa para ti.
—Josefina, entiendo tu dolor, pero en un momento de vida o muerte tienes que ser racional. Piensa fríamente en Lilia y Sofía: ¿quién tiene un vínculo más profundo contigo? ¿Quién ha estado llamándote «mamá» a cada instante, buscando tus abrazos y tu cariño? ¿Quién te ha respetado, te ha cuidado y te ha hecho verdaderamente feliz todos estos años?
La respuesta era evidente: debían elegir a quien fuera mejor.
Josefina estalló en un llanto amargo y desgarrador.
Doña Salinas interpretó sus lágrimas como una aceptación silenciosa. Comprendió, al fin, cómo debían proceder. Josefina solo necesitaba llorar para desahogarse.
Miró a su nieto, Benjamín.
—Apresúrate a conseguir el dinero.
Benjamín asintió sombríamente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...