Sofía habló con tono implacable.
—Lo que me debes no podrías pagarlo ni viviendo mil vidas. Que te arrodilles no es nada, no compensa ni una milésima parte del daño que me hiciste.
¡Plaf!
Lilia se arrodilló.
Isabel no daba crédito a lo que veía.
Llena de indignación ante la sumisión de su amiga, le recriminó:
—Lilia, ¿qué te pasa? Eres la princesita de la familia Salinas, la hija de una dinastía. ¿Le tienes miedo a esta mala hierba?
No podía entender la actitud de Lilia.
Sacó su celular, dispuesta a intervenir.
¡Zas!
De un manotazo, Sofía le tiró el teléfono al piso.
—¿Te atreves a agredirme? —estalló Isabel.
—Tienes cinco segundos. Si no te arrodillas, llamaré a Leandro Corona para que venga y me pida disculpas en tu lugar.
—¡Tú...!
¿Cómo podía atreverse a involucrar a Leandro? Últimamente él había mostrado arrepentimiento y buscaba a Sofía con insistencia. Si venía y descubría que ella ahora era dueña de un centro comercial valorado en más de dos mil millones, el contraste sería devastador.
Sofía había dado la vuelta a su destino, brillando en la cima, mientras ella lo había perdido todo: su reputación, su dinero y su orgullo.
Con los ojos llenos de lágrimas y el rostro rojo de vergüenza, Isabel, sosteniendo su vientre, se dejó caer de rodillas.
Leandro era lo único que le quedaba; no podía darse el lujo de enfurecerlo.
Yadira se arrodilló junto a ella.
—¡Lo sentimos!
Las tres mujeres, con la cabeza agachada, hablaron al unísono.
En medio de los llantos, llegó el supervisor regional de la marca W.IK. Un ejecutivo arrogante, con traje impecable, que entró con las manos en la cintura.
—Nuestra empresa tiene un contrato de diez años con Plaza Diamante, si ustedes lo rompen...
—¡Cállate! —Sofía fulminó al engreído directivo—. Tu tienda insulta y agrede a sus clientes, dañando severamente la imagen de mi centro comercial. Han violado los acuerdos comerciales estipulados y la administración tiene todo el derecho de rescindir su contrato.
—Esto... —El representante bajó la cabeza—. Mil disculpas, señorita Sofía, nosotros apenas nos enteramos del cambio de dueños...
Sofía levantó la mano para silenciarlo.
—Ahórrate las excusas. No permito negocios de pacotilla en mi propiedad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...