—¡No estoy hablando sin saber! ¡Esa mujer se proclamó como la señora de la casa! Me dijo que tú eras su hijo, que iba a ser mi suegra...
—¡Cállate! —El grito de Benjamín la interrumpió de tajo, incapaz de escuchar tales barbaridades.
Convertían un detalle minúsculo en el fin del mundo.
Eran discusiones sin fin.
Las mujeres siempre eran un problema.
Sin embargo...
Después de gritarle, al ver el rostro de Fabiola bañado en lágrimas, suspiró y se acercó a consolarla.
—Fabiola, no te dejes influenciar por las exageraciones de los demás.
Ella era su prometida. A diferencia de Josefina o Clara, que estaban atadas a él por la sangre y siempre serían su familia pasara lo que pasara, Fabiola era alguien que sí podía abandonarlo.
Tenía que mostrarle un poco más de paciencia.
—Permití que Cecilia se quedara aquí, pero es solo temporal. Ocurrió algo grave en la familia y necesitamos que nos eche una mano. En cuanto pase todo, la echaré y traeré a mi madre de vuelta.
Con esa explicación, Fabiola debería sentirse tranquila.
Para la familia Salinas, Cecilia era solo una herramienta momentánea.
Josefina seguiría siendo la señora de la casa.
Su suegra seguiría siendo Josefina, esa mujer amorosa, comprensiva y que le daba tanta seguridad.
Pero se equivocó.
Fabiola lo agarró con más fuerza.
—Entonces dime, ¿para qué está Cecilia en tu casa?
Benjamín apartó la mirada.
Ya había sido lo suficientemente sincero, ¿por qué no se daba por satisfecha?
Ese tema... no podía revelarse.
La presencia de Cecilia estaba ligada a la seguridad, la reputación, el futuro y la vida entera de Lilia.
Si se destapaba que Cecilia era la verdadera madre biológica de Lilia y que había llegado por ella, la vida de Lilia estaría arruinada para siempre.
Por proteger a Lilia, no diría ni una sola palabra.
Fabiola, sintiéndose traicionada, estalló:
—¡La familia Salinas es inmensa! Tienen a personas talentosas de sobra. Si necesitabas ayuda, ¿por qué diablos tenías que traer a esa mujer sucia y promiscua?
—¡No hables así de ella! —La poca paciencia de Benjamín se hizo pedazos.
¡Era la madre de Lilia!
Insultar a Cecilia equivalía a insultar a la sangre de Lilia.
No permitiría que nadie lastimara a Lilia de esa manera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...