Vigilar las montañas desde el aire en un helicóptero era una historia muy distinta a adentrarse en el espeso bosque y buscar palmo a palmo a pie.
Tras una hora entera abriéndose paso cargando equipo de rescate, la situación era agotadora.
Lorenzo tenía los labios resecos y agrietados. Con una mano apartaba las ramas secas que le bloqueaban el paso y con la otra se limpiaba el sudor de la frente, tratando de divisar algo en la espesura.
¡Dios santo!
Aún estaban a mitad de la ladera, y calculó que apenas se habían alejado unos cinco metros desde el punto donde el helicóptero los había dejado.
—¿Y las ovejas? —le gritó Lorenzo a Ferrer, que iba delante abriendo camino.
—¡Sigo buscándolas!
—¡¿Cuánto tiempo más vas a tardar?!
Perdido en medio de aquel denso y oscuro bosque, Ferrer respondió con voz temblorosa: —Lo intentaré con más ganas.
Sus pesadas botas de montaña pisaron un montón de hierba seca en la pendiente. La fina capa de escarcha cedió, el suelo resbaló bajo sus pies, y Ferrer trastabilló un par de veces antes de rodar cuesta abajo.
—¡Ferrer! —Lorenzo sintió que el corazón se le salía del pecho.
Se lanzó de bruces al suelo, asomándose al borde de la ladera con desesperación.
Sofía había caído por un acantilado y aún no la encontraba, ¡y ahora perdía a uno de sus hombres de la misma forma!
Por suerte, logró distinguir a Ferrer: un bulto naranja atrapado entre las ramas de un gran pino.
Lorenzo se puso de pie a toda prisa, se quitó la mochila y sacó la cuerda de seguridad para amarrarla a un tronco grueso. La pendiente era tan pronunciada que la única forma de salvarlo era descender atado.
Pero los miembros de su equipo de rescate lo detuvieron justo a tiempo.
—Estás física y mentalmente agotado, si bajas no vas a resistir.
—Quédate aquí arriba, nosotros nos encargamos.
Aquellos jóvenes herederos, que pasaban sus días en el gimnasio, tenían una fuerza envidiable. Flexionaron los brazos, mostrando sus músculos tensos, y en cuestión de segundos prepararon el equipo para descender al rescate.
Lorenzo se quedó arriba, observando con los nervios de punta.
De repente, un grito retumbó desde el fondo de la pendiente.
—¡Encontré a la oveja!
El eco fue ensordecedor.
La mente de Lorenzo procesó la información a la velocidad del rayo y llegó a una conclusión clara: *¡Sofía está allá abajo!*
Impulsado por la desesperación, dio un paso hacia el abismo.
¡Maldición!
Su pie resbaló en el vacío, una ráfaga de viento helado le llenó los pulmones y su cuerpo cayó como un plomo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...