Lilia suspiró profundamente. —Estás mal de la cabeza. Andar con tantos amoríos a tu edad es ridículo.
Después de todo, era una mujer que se acercaba a los sesenta años.
No se iba a morir por no tener a un hombre al lado.
—Tú no entiendes nada sobre el amor —dijo Cecilia, apartándose un mechón de su cabello ondulado con sus largas uñas rojas, luciendo sus brillantes adornos—. El amor es el combustible de una mujer. Una mujer solo brilla de verdad cuando es amada y deseada.
Presionó el botón para contestar.
El hombre al otro lado de la línea empezó a hablar apresuradamente.
Cecilia le respondió con voz melosa y reconfortante: —Cálmate, mi amor, enseguida voy a verte.
—¿Qué? —Lilia la miró atónita—. Mamá, estamos yendo a firmar un traspaso de acciones importantísimo.
¿Acaso su amante era más importante que asegurar el futuro de su propia hija?
¿Cómo podía abandonarla en un momento tan crucial?
Cecilia acarició el cabello de Lilia con dulzura, regalándole una sonrisa radiante. —Iré y volveré enseguida, mi amor. Solo me tomará media hora, te lo prometo.
Lilia abrió la boca para protestar.
Pero Cecilia puso un dedo sobre sus labios para silenciarla.
—Tranquila, mi amor, todo estará bien.
Con absoluta confianza, comenzó a aconsejarla.
—Benjamín Salinas es como un perro a tus pies. Ese hombre vive por y para ti, te idolatra y haría cualquier cosa para complacerte.
Incluso si ella no estaba presente, Benjamín se aseguraría de que todo saliera perfecto para Lilia.
Él la amaba demasiado.
Cuando un hombre se rinde así ante ti, si le pides su propia vida, primero se arrodillaría y luego te la entregaría en bandeja de plata.
Lilia lo pensó un instante.
Y tenía razón.
Desde que tenía memoria, el amor y la devoción que Benjamín sentía por ella como hermano mayor nunca habían flaqueado.
Solo había que ver las cosas que había hecho últimamente. El futuro líder de una de las familias más poderosas había expulsado a su propia madre de la casa para poner en su lugar a la amante que la había destruido.
Lo que Benjamín había hecho no tenía precedentes.
Y todo lo había hecho por ella.
Sintiéndose mucho más tranquila, a Lilia dejó de importarle que Cecilia se bajara del auto para ir a ver a su joven amante.
Ya no tenía prisa ni miedo.
Nunca antes había firmado un contrato corporativo de esa magnitud, pero no importaba si no entendía los términos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...