Entrar Via

Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 105

Caminó hasta la cama y se quedó mirando fijamente el vendaje en la muñeca de Magdalena, y la gasa ensangrentada de su frente.

Le tocó la frente y luego retiró la mano.

Aunque no dijo nada, sus hombros, ligeramente encorvados, parecían cargar con cierto remordimiento.

Sara murmuró con sarcasmo:

—¿El presidente Suárez terminó de acompañar a su amantita y por fin se acordó de nuestra Magda?

Un día secuestrada, un día inconsciente. Ese era el tercer día.

Había estado yendo y viniendo sin descanso.

Tenía los párpados caídos por el agotamiento, marcados por tres profundos pliegues.

Cuando fruncía el ceño al mirar, parecía un lobo solitario al acecho entre las sombras.

No reprendió a Sara por su mala actitud.

Pero la presencia de él fue suficiente para que a Sara se le helara la sangre.

—Señor Suárez, le pido que deje de jugar a dos bandos y de fingir un amor tan profundo frente a nosotros. Magdalena no lo necesita. Si de verdad le importara, no se habría pasado todo el tiempo en la habitación de al lado. Por favor, no la confunda en este momento.

Sara hablaba en serio.

Ella pensaba que, tras haber recibido el acuerdo de divorcio, Federico trataba de mostrar algo de afecto para intentar volver con Magdalena.

Sin embargo, Federico creía que Sara solo lo decía porque la carrera de Magdalena recién empezaba a despegar y no quería que se generara prensa negativa.

—Puedes estar tranquila.

La policía llegó al día siguiente.

Al enterarse de que Magdalena había despertado, dos oficiales fueron a tomarle declaración.

Le hicieron muchas preguntas básicas y, finalmente, le preguntaron si sospechaba de alguien.

Magdalena se quedó en silencio un buen rato, pero terminó diciendo la verdad:

—En este último tiempo, solo he tenido problemas con una persona.

Al mencionar a Anaís, los dos oficiales intercambiaron miradas y preguntaron:

—¿Cuál es el motivo?

Magdalena apretó los labios y contestó:

—Sospecho que tiene una relación indebida con mi esposo.

Los oficiales anotaron la declaración y se dispusieron a marcharse.

—¿Todavía te atreves a darme evasivas? Eres una roba maridos, una cualquiera que se interpone con el primer amor de otros. Mi Ani es pura y bondadosa. ¡Incluso recibió una puñalada por ti cuando estabas secuestrada y ahora te atreves a morder la mano que te ayudó! ¡Maldita arpía!

Valentina no la soltaba y jalaba de ella, sin importarle que estuviera herida.

—¡Lástima que esos delincuentes no te mataron! ¡Ve ahora mismo a pedirle perdón a mi hija!

Sara intentó detenerla.

Valentina no paraba de soltar insultos, llamándola "cara bonita, amante de turno, sinvergüenza".

—¿Crees que estás en un hospital privado porque a Federico le preocupas? ¡Es solo por pura lástima, por estar relacionada a Ani! Lo hace porque sabe que nadie te quiere ni se preocupa por ti. ¡Con Ani es diferente! Por Federico y por ti le quedará una cicatriz, y él vivirá atormentado y sintiendo lástima por ella durante el resto de su vida.

—¡Y tú no eres más que una mujer desechada de la que él ya se hartó!

Magdalena no iba a gastar saliva en ella.

Con una mano apartó a Sara y con la otra agarró un vaso de agua desechable de la mesa.

¡Zas!

Le tiró el agua directo a la cara maquillada de Valentina.

—¿Ya se le aclaró la mente? —preguntó Magdalena, indiferente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada