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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 148

Magdalena llevaba puesta solo una blusa no muy gruesa.

Por poco y le arrancan la ropa.

Al tratar de sostenerse el cuello de la blusa, su celular cayó al suelo, golpeado por alguien.

Se agachó a recogerlo, y la gente a su alrededor se empujó para acercarse aún más.

Así fue como Magdalena cayó, golpeándose las rodillas contra el suelo, rodeada de piernas por todas partes.

No supo quién gritó, y luego hubo una mezcla de chillidos, sonidos de obturadores y el roce de ropa por los empujones.

Magdalena estaba tan apretujada que no podía respirar, ni siquiera podía ponerse de pie.

Por un instante, sintió un pánico absoluto al verse atrapada por la marea humana, completamente desamparada.

Sintió que le bajaba el azúcar y que el estómago se le revolvía.

Magdalena era como alguien ahogándose en las sombras, tratando de salir a flote, pero sin ver nunca la luz.

Incluso si gritaba con todas sus fuerzas, su voz se ahogaría.

De repente, una mano la agarró.

—¡Abran paso, por favor, abran paso! No queremos que nadie salga herido. ¡Nuestro Director Lira preparó regalos para cada uno de los fans, por favor, síganme!

Kevin levantó a Magdalena. Al verla despeinada, pero sin heridas graves, soltó un suspiro de alivio.

Rápidamente le puso una gorra de béisbol.

Kevin había regresado en el siguiente vuelo y no esperaba encontrarse con esta situación.

Solo venía acompañado de un chofer y un asistente, y ahora todos estaban trabajando a marchas forzadas.

Pronto, la voz de la megafonía del aeropuerto resonó, pidiendo a todos que despejaran un pasillo de forma ordenada.

En dirección opuesta, el asistente de Kevin estaba repartiendo peluches y cafés comprados de imprevisto en las tiendas.

Kevin no se preocupó por mantener las apariencias. Usó su hombro para apartar a la gente y, agarrando a Magdalena de la muñeca, la sacó de allí.

Solo cuando la multitud se dispersó un poco, bajó la cabeza y le preguntó:

—¿Estás bien?

Magdalena, con todas sus expresiones ocultas bajo la gorra de béisbol, negó con la cabeza.

Kevin, adivinando que no quería hablar, asumió el papel de interactuar con los fans automáticamente.

Solo que su lengua seguía siendo igual de afilada.

Un fan gritó:

—Director Lira, ¿vino a recoger a su novia?

Un mar de gritos se desató alrededor.

Kevin no respondió directamente.

Kevin volteó, les dijo adiós con la mano y les mandó un beso muy presumido.

Los fans hicieron un sonido de asco en broma:

—¡Iuuu!

Un chico gritó, desafinando:

—¡Esposa, eres tan linda!

Claramente, ese grito era para Magdalena.

Pero a Kevin no le hizo gracia escuchar esas tonterías e, imitando su voz desafinada, le respondió:

—¡Ya te escuché, hermanito!

Con esta interacción, los fans se fueron satisfechos.

Kevin subió al coche con Magdalena y su expresión cambió drásticamente.

—¿Qué pasó? ¿No habías dicho que alguien iba a recogerte?

Magdalena bajó la cabeza y no dijo nada. Tenía un par de rasguños en el brazo.

Kevin le recriminó:

—¿Sabes lo peligroso que es una estampida? ¡Tanta gente, en un lugar público! Ya no hablemos de lo que dirán los medios. ¡¿Y si alguien hubiera salido herido?! ¡¿Y si alguien hubiera terminado en el hospital?!

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