Los resultados salieron rápido. Era casi un hecho que Anaís estaba embarazada.
Federico, apretando el reporte en sus manos, se quedó sin habla durante mucho tiempo.
Anaís lo observaba de reojo, y al ver que no estaba feliz, su corazón se hundió.
Sintió una tristeza y una amargura indescriptibles.
Se conocían desde la infancia, habían crecido juntos. Al final, ella se había esforzado tanto para quedar embarazada.
Pero el hombre que amaba se mostraba indiferente.
O más bien, su culpa era mayor que su alegría.
—Federico, tú... Vendré a hacerme otra prueba en tres días. Tal vez... sea un diagnóstico equivocado.
Pronunció esas palabras con mucha dificultad.
Federico pareció darse cuenta de que su actitud había sido un tanto fría, y guardó el reporte médico en su chaqueta.
—De acuerdo. Ve a casa y descansa un poco.
—Entonces, ¿me acompañarás dentro de tres días?
Federico no podía eludir su responsabilidad.
Durante esos días, Federico prácticamente se la pasaba corriendo entre la empresa y el hospital. La villa estaba demasiado lejos, así que no volvió.
Magdalena tampoco lo contactó.
El incidente del aeropuerto fue como una piedra arrojada a un lago congelado.
Rompió la capa de hielo, salpicó un poco de agua y luego desapareció sin dejar rastro.
Pero dejó una fea grieta.
Magdalena arrancó unas cuantas páginas más del calendario que marcaba la cuenta regresiva para su divorcio.
Pasó del veintitrés al dieciséis.
Como las fotos del aeropuerto eran tan encantadoras, el tema sobre Magdalena y Kevin explotó en popularidad.
El número de personas en el hashtag de la pareja llegó a los diez mil.
[Jajajaja, ay qué bonito, de compañeros de escuela a novios, me encanta.]
[¡Dios mío, el momento en que le pone la gorra a Magdalena, ¿quién me entiende?!]
[Te entiendo, te entiendo. Me robó el corazón con ese gesto.]
[Los demás usan gorras para taparse el sol, yo la uso para ocultar mi amor por ti.]
[¡Ahhhh, el de arriba, para con las frases cursis! Me da mucha vergüenza ajena.]
[Todos se fijan en ellos dos, y yo solo me fijo en el zorrito de la gorra. ¡Qué tierna!]



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