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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 197

Con un 'clic'.

Gael Jurado, como si hubiera perdido la cabeza por completo, se abalanzó contra el Porsche y empezó a soltar golpes y patadas sin control.

A Federico no le inmutó en lo absoluto.

Cuando recién asumió el control de la empresa, había lidiado con situaciones mucho más graves.

Una vez, durante una junta en el extranjero, casi termina bajo las llantas de un camión contratado por un competidor.

Lo que hacía Gael era juego de niños en comparación.

—Problemas.

El Secretario Yáñez se acercó a la ventana de pronto.

—Creo que es su esposa.

Federico frunció el ceño de inmediato.

A lo lejos, Magdalena venía caminando con ropa de casa, llevando una bolsa de basura en la mano.

Como el exclusivo complejo residencial era muy silencioso, Gael la notó al instante.

Una mirada salvaje apareció en sus ojos y corrió hacia ella.

—¡Magdalena!

Magdalena estaba llegando a los botes de basura cuando escuchó que alguien gritaba su nombre.

Enseguida, una figura se abalanzó hacia ella.

Al ver a su padre, el corazón le dio un vuelco.

Esa calle era recta y no había dónde esconderse.

Solo atinó a agacharse detrás de los contenedores.

Gael llegó corriendo.

Pero antes de que lograra ponerle una mano encima...

Unos pasos apresurados lo siguieron de cerca y alcanzaron su espalda rápidamente.

¿Qué hacía Federico aquí?

—¡Hazte a un lado!

Gritó él con voz helada y autoritaria.

Agarró a Gael y lo arrojó a un lado con violencia.

—¡Señora Suárez!

El Secretario Yáñez escoltó a Magdalena para alejarla, interponiendo su cuerpo entre ella y los dos hombres que forcejeaban.

Federico le asestó un puñetazo en la cara a Gael.

El otro intentó devolver el golpe de inmediato.

Gael estaba acorralado y peleaba a la desesperada, pero la expresión de Federico era aún más aterradora.

Tensaba la mandíbula hasta marcarla, y sus ojos irradiaban furia pura.

Ya fuera esquivando o soltando golpes, sus movimientos eran precisos y letales; se notaba a leguas que sabía cómo pelear.

—¡Basta! ¡Quietos todos, policía!

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