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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 208

Federico tensó levemente los músculos de la mandíbula.

Viendo que Magdalena seguía sin aplacar su ira.

Echó la cabeza hacia atrás para esquivar el segundo bofetón.

No era la primera vez que recibía un golpe.

Así que prefirió no alterarse de más.

Movió los labios, a punto de decir algo más.

Pero las lágrimas de Magdalena se adelantaron.

No hubo forcejeos, ni gritos histéricos.

Simplemente lloraba en silencio, tratando de ahogar los sollozos.

Federico había creído que, al romper la barrera de frialdad de Magdalena, se toparía con concesiones o remordimientos.

Nunca imaginó encontrarse con una mirada cargada de tanta humillación y desesperanza.

Aquellas lágrimas lo dejaron sin palabras, como un balde de agua fría.

—Magdalena, por favor, no...

Pero Magdalena no se anduvo con rodeos y le dio un pisotón con todas sus fuerzas.

Cuando él soltó un quejido y la soltó, ella aprovechó para darle un rodillazo justo en la entrepierna.

Parecía que se estuviera defendiendo de un acosador callejero.

Federico, sorprendido por el ataque, se puso rojo como un tomate, se dobló de dolor y ahogó un gemido.

Magdalena sorbió por la nariz, dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

Lloraba y se limpiaba las lágrimas al mismo tiempo.

—Lo dicho: tienes tres días. Si no, nos veremos en los tribunales —reiteró.

Federico, que apenas podía enderezarse por el dolor, gruñó entre dientes:

—Ni en tus mejores sueños te daré el divorcio.

¿Una demanda?

Con el periodo de reflexión obligatorio, no pasaría nada.

Le sobraban estrategias para alargar el proceso.

Cuando Magdalena se fue de la comisaría, Anaís y Valentina seguían bajo interrogatorio.

Pero como Anaís estaba embarazada, la ley impedía que su interrogatorio durase más de cuatro horas.

Así que retuvieron a Valentina por un rato más.

De todas formas, lo que habían hecho no era suficiente para una detención penal.

Tania declaró que la idea de cambiarle la medicación a Magdalena fue totalmente suya, desvinculando por completo a Valentina y a su hija.

La grabación de Magdalena solo había capturado retazos de la conversación.

El excelente aislamiento acústico del edificio de lujo había impedido que se escucharan las palabras clave, incluso tras limpiar el audio.

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