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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 246

El mensaje venía acompañado de varias fotos que parecían ser de Magdalena, junto a conjeturas sobre su vuelo e itinerario.

Federico las abrió, hizo zoom, y notó que le temblaba un poco la mano.

La mujer de la foto llevaba el cabello rizado recogido en un chongo bajo y traía puesta una gorra, desprendiendo mucha elegancia.

A pesar de la mala calidad, Federico la reconoció al instante; era Magdalena.

Era su Magdalena.

Parecía que tenía una figura aún más envidiable, y seguía igual de hermosa.

Cuando Federico se infiltró en el grupo de sus mayores fans, lo hizo con la esperanza de poder escuchar la voz de Magdalena. El Secretario Yáñez le había contado que algunas estrellas interactuaban con sus seguidores.

Sin embargo, habían pasado tres años enteros.

Y no la había visto ni una sola vez.

No había escuchado ninguna noticia sobre ella.

Y mucho menos su voz.

Al pensar en ello, a Federico se le enrojecieron los ojos.

Rápidamente, algunos fans salieron a desmentir los rumores.

[Esto no parece real, si te fijas en la foto, parece un aeropuerto internacional].

[Sí, además, su agencia no ha sacado ningún comunicado oficial. Eso significa que debe seguir en el extranjero].

El corazón de Federico dio un vuelco y su ánimo comenzó a subir y a bajar como si estuviera saltando en bungee.

—Secretario Yáñez.

—No, olvídalo.

Federico decidió que él mismo iría al antiguo apartamento de Magdalena a esperarla.

Solo había ido a ese lugar una vez, cuando Magdalena aún vivía ahí.

Pero ahora, conocía la distribución del complejo residencial, el parque de abajo e incluso a los perros de los vecinos como la palma de su mano.

A partir de ese día, apenas salía del trabajo, Federico iba directamente a esperar al parque del complejo.

Su esperanza era como una vela en medio de la lluvia, parpadeando con la más mínima brisa.

Pero las ventanas del departamento de Magdalena siempre permanecían a oscuras.

Encendió la pantalla de su celular.

Federico buscó un número que ya conocía a la perfección.

Era el número que en el pasado había ignorado infinidad de veces.

El número de Magdalena.

Ahora lo sabía de memoria, al derecho y al revés.

Y lo tenía guardado bajo el nombre de Esposa.

Durante interminables noches solitarias, Federico había marcado ese número una y otra vez.

Pero la línea ya estaba fuera de servicio.

Ya nadie esperaba del otro lado, nadie contestaría.

Federico se puso un cigarrillo en los labios, perdiéndose en sus pensamientos.

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