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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 251

Blusa de seda blanca con detalles de cuello marinero.

Falda de talle alto en línea A, de un largo perfecto.

Tacones a juego, adornados con pequeños diamantes en el talón.

Todo era refinado y elegante.

Sin embargo, los detalles pasaban a un segundo plano.

Lo primero que cualquiera notaba siempre era su rostro, tan radiante que parecía tener un filtro de belleza incorporado.

Los organizadores y los equipos de ambos proyectos se quedaron atónitos.

De repente, desde el otro lado de la larga mesa, se escuchó el chirrido de una silla arrastrándose contra el suelo.

Federico Suárez se puso de pie de golpe.

Tenía los ojos inyectados en sangre y miraba fijamente a la persona frente a él, sin parpadear.

Era Magdalena Jurado.

La mujer que había buscado desesperadamente durante tres años, la dueña de su corazón, de quien ni siquiera había podido escuchar la voz.

—Señor Suárez, ¿q-qué le pasa? —preguntó alguien.

Federico, sin darse cuenta, había apretado su taza de café hasta deformarla.

El líquido oscuro se derramaba sobre la mesa, goteando.

El aroma amargo llenó el aire.

—Una disculpa, mil disculpas, nuestro señor Suárez... ¿tuvo una bajada de azúcar? —El gerente de proyectos del Grupo Orizon ni siquiera estaba seguro de su propia excusa.

Federico ya no podía ver ni escuchar nada más.

Ni siquiera supo por qué volvió a sentarse.

Su mirada estaba pegada a la mujer que había añorado día y noche.

Magdalena ya había terminado su presentación personal y estaba repartiendo las copias de su propuesta.

Se la veía segura y elegante.

—Aunque me perdí la brillante presentación del señor Suárez, supongo que lanzar dinero para generar flujo de caja es la especialidad del Grupo Orizon —dijo Magdalena, con palabras cargadas de agresión.

—Tal vez no me crean, pero hace tres años traté un par de veces con el señor Suárez. Su mayor talento es 'comprar' el control de todo, creyendo que con suficientes recursos puede obtener lo que desea. Si el resultado es bueno o malo, si sobrevive o muere, simplemente no entra en sus consideraciones.

En boca de otra persona, esto habría sido una provocación directa.

Pero Magdalena tenía un don.

Hacía imposible distinguir si era un cumplido o una burla.

Incluso tenía un toque de humor negro que dejaba a la gente queriendo escuchar más.

Todos soltaron una carcajada, excepto Federico, quien sentía que su corazón estaba lleno de agujeros.

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