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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 264

Ese día, todos los niños del Kínder Bellavista lo sabían.

Había un niño nuevo en la clase tres, se llamaba Benjamín Suárez y su familia era muy rica.

Su papá no solo le había donado un edificio entero al kínder, sino que había usado sus influencias para ofrecer clases de francés a todos los profesores y alumnos.

En solo tres días, los padres de familia ya les habían advertido a todos los niños:

—Cuando llegues al kínder, asegúrate de llevarte bien con Benjamín, y por nada del mundo lo hagas enojar.

En el kínder anterior de Benjamín, todos los niños provenían de familias ricas y poderosas, así que nadie le rendía pleitesía.

Pero ahora las cosas eran diferentes.

Cuando Anaís se enteró de que su hijo había sido transferido a un kínder normal, no le hizo mucha gracia.

Sin embargo, cada vez que Benjamín la llamaba, sonaba muy contento.

—Mami, los niños de este kínder feo son muy tontos. Tontos y pobres.

—Ni siquiera conocen los carritos de importación, solo juegan con calcomanías baratas de dos pesos.

Al escuchar eso, Anaís frunció el ceño:

—Esa gente no está a tu nivel. No entiendo a tu padre, ¿cómo pudo mandarte a un lugar tan de baja categoría?

Pero ella no tenía voz ni voto en la familia Suárez.

Ni siquiera tenía la custodia del niño.

Anaís tuvo que tragarse su orgullo y solo preguntó:

—Y al haberte cambiado de repente, ¿nadie te está molestando?

—¡Claro que no!

Benjamín respondió con tono arrogante:

—Ninguno se atreve. Bueno, excepto la hija de la rompehogares, esa flacucha, que siempre ayuda a los demás y me lleva la contraria.

Al escuchar eso, a Anaís le temblaron las manos de la rabia.

¡Esa zorra de Magdalena, ¿cómo se atrevía a dejar que su hija molestara a su hijo?!

—Pero no le tengo miedo, ¡yo le gano!

Anaís estaba asqueada.

—Buen niño, su madre es una mala mujer que intentó robarse a tu papá, así que obviamente ella es una bastarda. Con gente así no puedes tener piedad, o se aprovecharán de ti.

Benjamín le dio una mordida a su helado.

Aunque ya estaba un poco pasadito de peso, no podía controlar sus antojos de golosinas.

Asintió mientras escuchaba:

Al ver que la maestra estaba en una posición incómoda, Dora simplemente tiró el carrito al suelo:

—Olvídalo, de todos modos no es la gran cosa, ya no lo quiero. Benjamín, eres un envidioso, ten.

La maestra suspiró aliviada.

—Dora, eres un angelito.

—¡Qué angelito ni qué nada, es una tonta!

Cuando Benjamín vio que Dora agarraba unos bloques de construcción, corrió hacia ella.

La empujó con fuerza.

Los bloques cayeron al suelo con estrépito.

Dora se golpeó contra la mesa.

Benjamín empezó a patear los bloques:

—¡No te dejaré jugar con nada, no te dejaré! ¡Mi mamá dijo que eres una bastarda sin papá, y que ustedes quieren robarnos el dinero de mi papá, sus casas y su empresa!

Se abalanzó sobre Dora, la agarró del cabello y le dio un mordisco en el brazo.

—¡Te voy a matar, voy a hacer que te corran del kínder!

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