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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 265

La maestra, con mucha experiencia, intervino de inmediato y los separó.

—Benjamín, no puedes hacer eso. Suéltala.

Al ver que la maestra defendía a Dora, Benjamín se enfureció aún más.

—¡Le voy a decir a mi papá que te despida! ¡Ya no les donaremos más edificios!

El rostro de la maestra palideció.

Para una persona común, conservar su trabajo era muy importante.

Pero tampoco podía permitir que el hijo de Federico Suárez lastimara a los demás niños de la clase.

—Mañana pediré que venga tu padre.

Benjamín no tenía miedo alguno:

—Mi papá siempre está en reuniones de negocios, su tiempo vale mucho dinero. Está muy ocupado, mejor llama al secretario Yáñez.

La maestra rodó los ojos.

En el pasado, la mayoría de los niños del kínder provenían de familias normales, con padres razonables con los que se podía hablar.

Toparse de repente con una familia tan poderosa y arrogante como los Suárez era un verdadero dolor de cabeza.

A las cuatro de la tarde, terminaron las clases.

Magdalena fue a recogerla en persona.

Aunque Federico había planeado "encontrarse por casualidad" con Magdalena, los planes cambiaron rápido y tuvo que entrar a una junta.

La tarea de recoger al niño recayó en la asistente Daniela.

Magdalena vio a Dora salir a lo lejos.

Pero, a diferencia de otros días, en los que la pequeña venía saltando como un conejito, hoy caminaba con la cabeza baja y sin ánimos.

—Dora, ¿qué pasó? ¿No te divertiste hoy en el kínder?

Dora casi tenía la barbilla pegada al pecho.

Benjamín llevaba tres o cuatro días en la escuela y ella no se lo había contado a su mamá.

Magdalena sentó a Dora en sus piernas.

Apenas le rozó el brazo con los dedos, notó que la niña se encogía levemente.

—¿Qué te pasó en el brazo?

Preocupada, Magdalena le subió la manga de inmediato.

Una marca de dientes oscura y morada quedó grabada en la piel radiante del brazo de Dora.

Se podían ver claramente las marcas de los dientes, la zona estaba muy inflamada e incluso la piel se había roto en algunas partes.

Ese maldito de Federico.

¿Acaso se estaba aprovechando de que ella no tenía poder ni influencias para pisotearlas?

¡Antes permitía que su amiguita de la infancia la humillara, y ahora dejaba que su hijo atacara a Dora!

Magdalena respiró hondo.

Le dio unas palmaditas en la espalda a Dora.

Su niña era perfecta, pero por culpa suya, habían tenido que mudarse de ciudad y cambiar de escuela varias veces.

Para una niña de su edad, esta era la etapa crucial para establecer límites sociales.

Los niños aprenden sobre las relaciones interpersonales y los límites a través de la convivencia y los pequeños conflictos.

Su Dora no había hecho nada malo.

Magdalena podía estar huyendo, pero jamás permitiría que Dora sintiera que debía quedarse callada y aguantar.

—Dora, no te preocupes, mamá no te cambiará de escuela, porque tú no hiciste nada malo.

Dora levantó la mirada:

—¿De verdad?

—De verdad. Mañana en la mañana iré contigo al kínder.

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