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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 269

Anaís se acercó, intentando tomar a Federico del brazo, pero se topó con un rostro atractivo ahora deformado por el repudio.

El pánico se apoderó de ella.

Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas como si se hubiera roto un collar de perlas.

—Magdalena, te pido mil disculpas, toda la culpa es mía. Por favor, no te enojes con Federico ni con Benji.

Apretando los dientes, le hizo una reverencia a Magdalena.

—Benji no es más que un niño, todavía no entiende nada. Magdalena, perdóname; si quieres desquitarte con alguien, hazlo conmigo.

La voz de Anaís sonaba cargada de aparente sinceridad:

—Por el bien de Federico y del niño, estoy dispuesta a soportar lo que sea.

Magdalena no podía hacer más que asombrarse.

Tan asombrada estaba que no pudo evitar aplaudir.

Dio tres aplausos sarcásticos: *Plas, plas, plas*.

Federico sintió que se le caía la cara de vergüenza y el remordimiento lo inundó.

Tragándose la ira, le ordenó a Benjamín:

—Lárgate a tu salón.

Benjamín, como si le hubieran perdonado la vida, salió corriendo con sus piernitas cortas.

Anaís odiaba a Magdalena con todas sus fuerzas, pero no se atrevía a armar un escándalo.

Por instinto, intentó acercarse a Federico para seguir haciéndose la víctima.

Pero en el instante en que sus dedos rozaron la manga de él, Federico se apartó bruscamente.

Luego, se sacudió el polvo invisible de la ropa con los dedos.

La máscara de fragilidad en el rostro de Anaís se hizo pedazos.

—Federico...

—No me llames así, y deja de actuar.

Federico cerró los ojos:

—La familia Cárdenas y la familia Suárez son amigas de toda la vida. Le prometí a mi abuelo que cuidaría de ti, pero, Anaís, no debiste intentar abarcar más.

—A partir de ahora, no creeré ni una sola palabra de lo que salga de tu boca, y te prohíbo que vuelvas a acercarte a mí.

Anaís se quedó pasmada.

Jamás imaginó que Federico le diría palabras tan crueles.

Magdalena se llevó a Dora del kínder y le pidió unos días de permiso a la escuela.

Inesperadamente, lo que había sucedido en la oficina de la maestra por la mañana estalló en el chat grupal de los padres por la noche.

—Mamá de Dora, ¿es cierto que fuiste a quejarte a la oficina de la maestra?

—Escuché que el papá de Benjamín tiene muchísimo dinero y conexiones con gente importante del gobierno, mejor déjalo por la paz.

—Sí, solo son peleas de niños, no es para tanto.

—Piensa en el futuro, si nuestros hijos pueden recibir clases de francés en el kínder, eso les servirá para toda la vida.

—Mi Lucía me contó que estaba cerca cuando Dora y Benjamín se pelearon. Digo, los juguetes los compró la familia de él, ¿no? Además, solo le dio una pequeña mordida a Dora, no es el fin del mundo.

Magdalena leía los mensajes con expresión fría, sin escribir nada.

Esa gente opinaba así porque no eran sus hijos los que habían salido lastimados.

Sin dudarlo, subió varios videos al chat.

Video 1: Benjamín jalándole las trenzas a Lucía, diciéndole que sus moños eran horribles. @Mamá_de_Lucía

Video 2: Benjamín pisando y rompiendo el juguete de Álvaro, mientras lo señalaba y lo insultaba. @Mamá_de_Álvaro

Video 3: Benjamín obligando a Thiago a jugar al sirviente, haciéndolo arrodillarse para entregarle sus crayones, y luego rompiéndole su cuaderno de dibujo. @Mamá_de_Thiago

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