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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 65

—Federico, cuánto tiempo sin verte.

Federico les ofreció asiento y los saludó con absoluto respeto:

—Señor Cárdenas.

Luego se dirigió a la madre de Anaís:

—Señora.

La señora Cárdenas asintió complacida, acariciando el cabello de su hija:

—Federico, nuestras familias se conocen de toda la vida. Somos como una sola familia, no tienes que ser tan formal.

Intercambiaron algunas cortesías más.

Para honrar a los Cárdenas, Federico pidió que abrieran la botella de vino más cara del restaurante.

El señor Cárdenas sonrió:

—Anaís te ha dado muchos dolores de cabeza desde que llegó a Sierra Clara.

Señalando a su hija, la regañó en tono de broma:

—Esta niña caprichosa, en lugar de volver a casa al graduarse, insistió en ir a ayudar a Orizon. Como si al Grupo Orizon le faltaran talentos. ¿Para qué necesitan a una señorita mimada como tú?

Federico dejó el menú a un lado y la defendió con diplomacia:

—La verdad es que Anaís me ha sido de gran ayuda, especialmente con este último proyecto de adquisición. Me aportó ideas muy valiosas.

La señora Cárdenas miró a su hija con fingido reproche:

—Ay, ella... tiene toda su atención puesta en ti.

La mano de Federico, que sostenía la copa de vino, se detuvo una fracción de segundo.

Anaís se ruborizó hasta las orejas y protestó con tono mimado:

—¡Mamá!

—Bueno, bueno. Sé que ustedes dos se adoran desde niños. Las chicas siempre se desviven por el hombre que aman, hasta su propia madre sale sobrando.

La familia Cárdenas soltó una carcajada encantada.

Durante la cena, el padre de Anaís mencionó la posibilidad de colaborar en un proyecto.

Federico no aceptó de inmediato; siempre había mantenido una estricta separación entre los negocios y su vida personal.

Ese tipo de evaluaciones correspondía a otros departamentos.

Al terminar la velada, Federico escoltó personalmente a la familia Cárdenas hasta su hotel de cinco estrellas.

Y acordaron que al día siguiente harían una visita formal a la casona familiar.

Los Cárdenas llegaron a la tarde siguiente.

Casualmente, tanto doña Elvira como Magdalena estaban en casa.

Al ver a Magdalena, la sonrisa de la señora Cárdenas se volvió algo distante mientras la escrutaba de pies a cabeza.

Capítulo 65 1

Capítulo 65 2

Capítulo 65 3

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