Entrar Via

Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 64

Era la primera vez que Magdalena veía un odio tan palpable en el rostro de Federico.

Él solía ser un maestro en ocultar sus emociones; incluso con sus peores rivales corporativos, mantenía una cortesía impecable.

Jamás imaginó que la primera vez que mostraría un gesto de repulsión y desprecio tan evidente sería dirigido hacia ella.

Magdalena sintió que sus extremidades se volvían de plomo; se quedó paralizada en su sitio, incapaz de dar un paso.

Justo cuando creía que ya no podía sentir más dolor, Federico siempre encontraba una nueva forma de clavarle un puñal en el pecho.

Doña Elvira suspiró hondamente:

—Muchacha tonta, ¿por qué no te defiendes?

Magdalena negó con la cabeza lentamente:

—No sirve de nada, abuela.

No era que no lo hubiera intentado.

Simplemente había aprendido que la gente siempre elige creer lo que quiere creer.

La anciana se volvió hacia el secretario:

—Secretario Yáñez, ¿cuánto tiempo lleva Federico actuando así?

El tono de doña Elvira sonaba como si preguntara desde cuándo el presidente padecía de alguna enfermedad mental.

El secretario Yáñez respondió:

—Desde que la señorita Cárdenas regresó al país, el señor Suárez le ha prestado mucha atención.

Doña Elvira le ordenó tajantemente que, en el futuro, cualquier asunto relacionado con Anaís debía ser reportado con lujo de detalles a la casona familiar.

Luego le dio unas palmaditas en la mano a Magdalena:

—Vámonos, vuelve a casa con tu abuela. ¡No le hagas caso a ese estúpido malagradecido!

Tras salir corriendo de la habitación, Anaís no fue muy lejos.

Se sentó a llorar dramáticamente en el banco de piedra junto a la fuente del hospital.

Al verla, Federico se acercó.

Anaís le dio la espalda, sollozando:

—¡Federico, déjame en paz! ¡Solo estaba preocupada por tu salud, supongo que fui una tonta al meterme donde no me llaman!

A Federico le pareció casi entrañable; a pesar de ser una adulta, seguía haciendo rabietas como cuando era niña.

Sacó un pañuelo del bolsillo de su traje y se lo ofreció:

—Sé que te hicieron pasar un mal rato. Magdalena no sabe comportarse, no te rebajes a su nivel, ¿de acuerdo?

Anaís siguió fingiendo indignación y murmuró:

—No es que no sepa comportarse, es que está muerta de envidia por lo bien que nos llevamos.

Federico sabía que ella solo decía eso para buscar consuelo y validación, no porque realmente quisiera pisotear a Magdalena.

Así que le siguió la corriente:

—Tienes razón. Me ayudaste muchísimo ayer, ¿cómo puedo compensarte?

Capítulo 64 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada