—No iremos a la casona familiar. Vamos a Estrella Entertainment.
Aunque Federico era el dueño absoluto de Estrella Entertainment, rara vez se inmiscuía en las operaciones diarias de la empresa.
Verlo aparecer de improviso dejó a los empleados entre aterrorizados y eufóricos.
Magdalena empujó la puerta de la sala de reuniones.
Y ahí estaba él, sentado majestuosamente.
Detrás de la pesada mesa de caoba, el hombre estaba de espaldas a los ventanales, con las piernas cruzadas, exudando el aura de un jefe intocable.
Magdalena vaciló un segundo antes de hablar:
—Señor Suárez, ¿qué se le ofrece?
Federico giró la silla bruscamente y arrojó una carpeta sobre la mesa:
—¡Tú sabes perfectamente lo que hiciste!
Magdalena se tensó.
Levantó la vista y se encontró con la mirada de Federico.
Era una mirada despiadada.
La observaba como si fuera un objeto roto y desechable.
Una ira ardiente y desconocida comenzó a burbujear en el pecho de Magdalena.
Respondió con fría calma:
—No tengo la menor idea.
—¿Que no tienes idea?
Federico golpeó la carpeta con el dedo índice:
—Esta propuesta de adquisición para Auge Media fue redactada por Anaís. Justo después de que me la presentó, fuiste y le entregaste una copia idéntica a Kevin Lira. ¿Y todavía te atreves a decir que no sabes de qué hablo? ¿Vas a negar que robaste este documento?
Así que era eso.
Federico la acusaba de plagio sin molestarse en investigar la verdad.
¿Todo para darle el crédito a su adorada mosquita muerta?
Magdalena dejó escapar una sonrisa helada.
Justo en ese momento, la puerta se abrió y entró Anaís.
Con su mejor expresión de inocencia fingida, preguntó:
—¿Qué está pasando aquí?
Se acercó a Federico y vio la propuesta sobre la mesa.



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