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Ya no Soy la Otra: La Venganza de la Olvidada romance Capítulo 95

Las piernas le fallaron y estuvo a punto de caer sobre el sofá.

¿Qué debía hacer?

No podía permitir que las cosas siguieran su curso, ¡no podía dejar que los planes de tanto tiempo se arruinaran de golpe!

Federico estaba sorprendido e impactado.

Sin embargo, siempre había sido experto en ocultar sus emociones, por lo que rápidamente compuso su expresión.

¿De verdad había malinterpretado a Magdalena?

Su semblante se suavizó por una fracción de segundo.

Anaís, de repente, comenzó a toser, como si se hubiera resfriado por el frío de antes.

Miró a Federico con suma fragilidad.

—Federico, no puedo creer que de verdad confíes en estas cosas. El problema con Orizon no puede esperar, esto no es más que una táctica para ganar tiempo.

Federico guardó silencio.

Era cierto que, si el asunto no se resolvía ese mismo día, todo terminaría en un desastre colosal.

No era que no creyera a Magdalena, sino que el momento era demasiado conveniente.

Fuera verdad o no la evidencia, el ataque contra Orizon era un hecho innegable.

Al pensar en esto, no dudó más.

Caminó hacia ella, desabotonó su saco y se sentó frente a Magdalena.

El aura que lo rodeaba era aterradora.

—Hace un momento mencionaste que querías hablar de negocios.

Federico la miró con fría indiferencia.

—Ponle precio.

La habitación quedó en un silencio absoluto.

Magdalena había hablado con mucha claridad minutos antes.

Pero Federico siempre sabía cómo herirla donde más le dolía.

Incluso con las pruebas desplegadas sobre la mesa, él seguía eligiendo protegerla a ella.

Y todo su esfuerzo por defenderse, para él no valía nada.

Magdalena volvió a sentir el dolor.

Sentía que alguien le había estrujado el corazón con violencia para luego soltarlo de golpe.

Resultaba que ser víctima de las trampas de Anaís o ser insultada por los internautas no era nada.

Lo más doloroso era que la persona que debía confiar en ella, sabiendo que era inocente, elegía seguir estando del lado opuesto.

La expresión de pánico de Anaís se desvaneció de inmediato.

No pudo reprimir la sonrisa.

—Así es, Magdalena, ponle precio. Con tal de que me dejes en paz a mí y a Orizon, estaré bien. Pero no vuelvas a hacer esto, estás arriesgando tu vida por dinero.

Magdalena reprimió la amargura y habló con frialdad.

—Incluso en el hospital te piden que pagues antes de atenderte, dime tú si el dinero importa o no. Lo que pasa es que yo no soy como la señorita Cárdenas, que es como una bolsa de plástico llevada por el viento, ¡qué hipócrita!

El rostro de Anaís se puso pálido del coraje.

Federico intervino.

—Dime una cifra.

Magdalena asintió.

—Bien.

—El daño moral por las calumnias de Anaís Cárdenas, las pérdidas económicas por robarme la propuesta y la compensación psicológica por cambiarme al traductor en Francia, no puedes omitir nada.

Federico asintió levemente, exudando un aura imperturbable.

Magdalena no se quedó atrás en firmeza.

—Pero, Federico Suárez, no quiero ni un solo centavo, y mucho menos me interesan las acciones de Orizon. Lo que quiero son tres cosas.

Capítulo 95 1

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