Lorena se apresuró a llevarse a Alejandro de inmediato.
—No quiero verte esta noche —sentenció Patricio.
Leticia asintió y se dio la media vuelta para subir a su cuarto.
Patricio llevaba tiempo durmiendo separado de ella; incluso cuando se quedaba en esa casa, nunca compartían la cama.
Ya en su habitación, Leticia sacó un cuaderno de un cajón y lo abrió.
Las páginas estaban llenas de pequeñas marcas de conteo. Cada vez que Patricio le rompía el corazón, ella trazaba una raya más.
Tomó un bolígrafo con la intención de agregar una marca nueva al papel.
Sin embargo, su mano se detuvo antes de tocar la hoja. En lugar de escribir, pasó los dedos sobre el papel sintiendo las texturas irregulares. El papel estaba frío al tacto.
Resultaba que, en solo cinco años, Patricio le había dado incontables motivos para llorar.
Y ella, Leticia, a punto de cumplir treinta años, no había logrado absolutamente nada en la vida más que dar a luz a un hijo.
Y ahí estaba, anotando en una libreta cuántas veces la lastimaba un hombre.
A los diecisiete años, llevar un diario así podía considerarse tierno.
Pero a los veintisiete, hacer algo así era simplemente patético.
Tan patético que daba risa.
Cerró el cuaderno, fue al estudio y empezó a arrancar las hojas una por una para meterlas en la trituradora de papel.
Los finos trozos de papel caían como si estuviera nevando.
Una hoja se atoró. Leticia intentó sacarla, pero su dedo resbaló contra el metal, rompiéndole la uña desde la base. El dolor fue tan agudo que le arrancó un gemido.
Patricio abrió la puerta de golpe.
—¿Qué estás haciendo?
Leticia se puso pálida y se agarró el dedo con fuerza.
—Nada.
—¿Quién te dio permiso de entrar aquí?
De pronto, Leticia perdió todas las ganas de discutir.
Sin importar lo que dijera o hiciera, la única respuesta que recibiría de Patricio sería rechazo y frialdad.
Incluso si le decía que se había lastimado, seguramente pensaría que se lo tenía merecido por tonta.
Se dio la vuelta, salió de la habitación y cerró la puerta de un portazo.
Patricio se quedó mirando fijamente la puerta cerrada.
Tenía la extraña sensación de que Leticia estaba empezando a comportarse de un modo diferente.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ya no soy tu Esposa, ni su Madre, ni su Hija: Solo Soy Yo