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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 208

LILIANA CASTILLO

—Me estás rompiendo el corazón… —susurró mi padre en cuanto se enteró. Había esperado el tiempo suficiente para que Julia y Matt regresaran a casa con la bebé y todos nos volviéramos a acomodar.

—Creo que necesitarán una habitación. Mateo no puede seguir durmiendo con Julia y Matt, además, la bebé va a crecer y…

—Esta es tu casa, Liliana —soltó con firmeza—. Aunque aprecio a todos, tú eres mi hija. Si es una cuestión de espacio, entonces prefiero sacar a todos y que tú estés cómoda.

—No se trata de espacio, papá —susurré tomando sus manos. No quería que se sintiera culpable o triste—. Hay algo más que necesito resolver en soledad, no puedo hacerlo aquí.

—¿Qué? —preguntó entornando los ojos.

—No puedo decirte. No aún —contesté apenada—. Por favor, solo será por un tiempo, lo juro.

—¿Qué es lo que ocurre? —insistió tomándome por los hombros—. ¿Javier está obligándote?

—¿Crees que Javier lo haría? —pregunté divertida, haciendo que torciera los ojos.

—No… —contestó con un resoplido—. Tengo fe en la mujercita en la que te convertiste, fuerte, determinada y que toma sus propias decisiones.

—Entonces confía en mí… —supliqué besando sus manos—. Solo será por un tiempo. Ya tenemos el lugar y nos mudaremos de inmediato. Aún así vendremos de visita.

Y así lo hicimos.

Javier y yo conseguimos una casa alejada de la ciudad, en el campo. Era tranquila. El aire más limpio y sin ningún vecino molesto alrededor. De cierta manera era agradable tener más privacidad y los primeros días los aprovechamos al máximo. La casa era un desastre, pero no había manera de que Javier me dejara salir de la habitación para arreglar algo.

Aun así, visitábamos a mi padre y vimos crecer a la pequeña Anna, mientras que Mateo pasaba del amor incondicional de hermano mayor a los celos empedernidos por no ser el único en recibir el amor de sus padres. Sin hablar de mi propio padre, quien no soltaba a la pequeña, la arrullaba, le cantaba y le platicaba cómo le enseñaría a pelear. Ya estaba viendo en ella su próximo proyecto.

—Y… ¿por fin te arrepentiste de abandonarnos? —preguntó Santiago empujándome con su hombro.

—Creo que deberían de agradecerme, ahora tienen más espacio —contesté encogiéndome de hombros.

—He estado hablando con Matt, pensamos que el terreno de tu padre es bastante grande y… no sé, podríamos agrandar la casa, ya sabes… —agregó rascándose la cabeza, minimizando su comentario—. Él parece muy feliz con los niños. La familia está junta. Si es cuestión de espacio, pues con eso se arregla. Tú podrías regresar, porque la verdad es que es raro que su hija biológica esté lejos y los adoptados sigamos aquí.

No pude evitar soltar una carcajada. Era entendible, ninguno de ahí había disfrutado de tener una familia unida, esto era una experiencia nueva y reconfortante, todos viviendo juntos.

—Además, también quiero adoptar un par de niños… y… sé que necesito espacio —agregó rascándose la cabeza—. Tampoco te sientas tan importante y creas que todo es para que regreses.

—¿Adoptar? —pregunté sorprendida.

—Se los prometí el día que los visité —contestó con una sonrisa tierna—. No les voy a fallar.

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