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30 Días Antes del Divorcio: ¡Estoy Embarazada! romance Capítulo 210

LILIANA CASTILLO

Me alejé de la pared, tambaleándome por el peso de mi vientre. Cuando me planté frente a Javier, vio el cuchillo encajado y la sangre aún cayendo.

—No podrás quitarle jamás la mancha al vestido —dijo mientras ponía la mano sobre el mango del cuchillo y analizaba como sacarlo.

—No importa, lo voy a tirar —contesté encogiéndome de hombros.

—Es una tristeza, te veías muy linda con él —agregó sacando el cuchillo de la barriga falsa y retrocediendo para que la pintura roja no lo manchara.

—Es el disfraz perfecto para Halloween —dijo Matt viéndonos desde la entrada mientras veía a Carmen tirada en el piso. Entonces Santiago le dio un manotazo.

—¡¿Cuál Halloween?! ¡Aquí se celebra el día de muertos, perro! —sentenció ofendido mientras negaba con la cabeza—. Agárrala de arriba y yo de abajo.

Entre los dos levantaron a Carmen para meterla a la camioneta donde ya los esperaba mi papá.

—¿Te lastimó? —preguntó Javier tomando mi rostro entre sus manos, inspeccionándome—. Fue demasiado peligroso.

—Lo peligroso fue fingir un embarazo y que a ella se le ocurriera aparecerse justo en el noveno mes. —Solté con un bufido y torcí los ojos—. Fue un suplicio.

Entonces escuchamos un llanto desconsolado desde el piso de arriba. Me quité como pude la barriga falsa y subí los escalones de dos en dos, limpiándome la sangre de las manos con la falda del vestido. Recorrí el estrecho pasillo hasta la habitación.

Ahí estaba mi pequeño Hugo, aferrándose a los barrotes de su cuna mientras se le salían sus lágrimotas. Había sido el producto de noches enteras de amor y dentro de unos días cumpliría su primer año, era la fecha marcada en rojo sobre el calendario y toda la familia estaba preparándose para ese día.

—Mamá… —balbuceó haciendo un puchero adorable. Era idéntico a su padre. Me precipité hacia él y lo tomé en brazos.

—Ya, mi bebé, perdón por hacerte ruido —contesté mientras frotaba mi mejilla con la suya y lo mecía con ternura y paciencia entre mis brazos. Cuando volteé hacia la puerta, Javier ya estaba ahí, viéndonos con atención y media sonrisa.

—Gracias por hacer mi sueño realidad —dijo apenas en un susurro, haciéndome sonreír.

—¿Tu sueño? —pregunté acercándome a él con nuestro pequeño hijo entre mis brazos.

—Darme una familia de verdad, una a la cual amar y que me ama —contestó inclinándose hacia mí, frotando su nariz con la mía.

Entonces se escuchó el claxon afuera, lo estaban llamando. Se podría decir que era una cuestión entre mi padre y sus yernos, y Javier no podía faltar.

Me dio un beso en los labios, uno que planeaba ser breve, pero que se volvió lento y dedicado, el cual tuvo que terminar cuando el claxon volvió a sonar. Antes de irse besó a Hugo en la frente y salió corriendo de la casa, dejándome con el niño en brazos, una mancha roja en la cocina y mi vestido arruinado, pero también con la certeza de que la paz que nos rodeaba por fin era completa.

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