Gerardo negó con la cabeza.
—No contestó el teléfono, tampoco respondió los mensajes.
El desánimo de Carmen fue tan evidente que cualquiera lo notaba en su cara.
Regina Molina, que estaba a un lado, intervino:
—Quizá está ocupado con algo importante y por eso no pudo contestar. Yo siento que ayer Ronan tuvo una muy buena impresión de ti.
Al escuchar esto, Carmen se sintió un poco más tranquila.
En realidad, ella también lo creía.
La noche anterior, cuando Ronan platicó con ella, siempre fue amable, paciente y atento, casi parecía que cuidaba cada palabra para no incomodarla.
Había escuchado que Ronan tenía fama de tener un carácter complicado, así que si no le agradara, ¿por qué se portaría así?
Al recordar la mirada de Ronan, Carmen sintió una dulzura inexplicable que le llenó el pecho.
Aunque, enseguida, esa alegría se vio opacada por una pizca de insatisfacción.
Lástima que ayer Macarena fue a la fiesta también. Por eso, Ronan tuvo que estar pendiente de ella y, cuando Macarena desapareció por un rato, hasta se molestó con Carmen.
Ese recuerdo hizo que a Carmen le regresara el mal humor.
Resoplando, soltó con rabia:
—Todo es culpa de Macarena. Si ella no hubiera ido, yo habría pasado más tiempo con Ronan y podría haber mostrado lo mejor de mí.
—¡Ugh! Seguro fue a la fiesta solo para pegarse a Ronan. Si ya está casada con Fermín, ¿por qué sigue buscando la atención de Ronan? Qué descaro, de verdad.
—Una persona así, se merece lo que le hizo Marco Fernández…
Al mencionar a Marco y Macarena, Regina reaccionó de inmediato y cubrió la boca de Carmen, lanzándole una mirada de advertencia.
Gerardo no sabía nada sobre el plan de recomendar a Macarena con Marco.
Aunque no soportaba mucho a su hija Macarena, al final seguía siendo su sangre.
Que Macarena se quedara a convivir con invitados o hasta coquetear un poco estaba bien, pero si se enteraba de que, a sus espaldas, habían entregado a Macarena directamente a Marco, seguro armaría un escándalo.
—Hija, por poco y la riegas de verdad.
Carmen, traviesa, sacó la lengua.
—Oye, mamá, ¿tú crees que Marco ya consiguió lo que quería?
Sin esperar a que Regina respondiera, Carmen ya se había convencido de la respuesta.
Para que Marco pudiera salirse con la suya con Macarena, Regina había comprado pastillas para dormir especialmente. Además, con solo ver cómo Marco miraba a Macarena, era más que claro que no iba a dejar pasar la oportunidad.
Carmen, satisfecha, soltó un resoplido burlón:
—La próxima vez que vea a Ronan, seguro le cuento todo esto. Todos los hombres se fijan en que una mujer sea decente; si se entera de que Macarena estuvo con alguien como Marco… seguro que ya no la va a querer ver ni en pintura.
—Así de paso le quito a Macarena esas ideas de querer meterse donde no debe.
Regina, al escuchar esto, solo alcanzó a responder con un “ajá” distraído.
Ni siquiera ella estaba tan segura de lo que iba a pasar.

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