¿Acaso él mismo estaba facilitando que ella terminara con otro hombre?
A Fermín aquello le pareció tan absurdo que terminó soltando una risa incrédula.
Pero unos minutos después, recuperó la calma y fijó la mirada en el acuerdo de renuncia a la herencia, ya firmado.
El documento llevaba la firma de ella.
Ahora sí, se había deslindado por completo de Macarena.
Al pensarlo, sus ojos oscuros reflejaron una mezcla de emociones difíciles de descifrar.
...
Macarena salió del hospital con el acuerdo en la mano y se dirigió al carro.
Al cerrar la puerta, soltó un suspiro largo, como si por fin se quitara un peso de encima.
En el fondo, ya sospechaba que la condición que Fermín le había puesto era simplemente para humillarla.
Fermín nunca se había interesado demasiado en ella. Tras cinco años de matrimonio y con la relación cada vez más tensa, los momentos de intimidad entre ellos se volvieron casi inexistentes, y casi siempre era ella quien terminaba buscándolo. Él, en realidad, nunca pareció disfrutar estar con ella.
Aunque hace poco él había actuado de forma extraña, lo que la asustó más de la cuenta, temiendo que de verdad quisiera obligarla a estar con él.
A pesar de que aquello ya había pasado varias veces, el simple hecho de saber que él había estado con Abril le causaba rechazo y hasta náuseas.
Por suerte, Fermín seguía siendo el mismo de siempre.
Menos de diez minutos después, su celular vibró: había recibido una transferencia a su cuenta, exactamente por la cantidad establecida en el acuerdo.
Macarena, aliviada otra vez, sonrió con resignación.
En cuestión de palabra, Fermín era confiable.
Sin perder tiempo, Macarena transfirió el dinero a la cuenta de UME y realizó varias llamadas para acelerar la construcción del nuevo taller.
Su idea era esperar hasta el día siguiente para contarle a Piero y Ronan lo que había sucedido. Sin embargo, Piero se enteró antes de tiempo por el departamento de finanzas y la llamó de inmediato.
—Macarena, ¿de dónde sacaste ese dinero? —soltó Piero, sorprendido.
Macarena le explicó de manera sencilla el tema de la herencia, pero omitió el nombre de Fermín, diciendo solo que era un pariente lejano.
—¿En serio…?
Pensó que Ronan, al enterarse, se pondría feliz. Al menos le quedaría claro que Macarena también lo valoraba mucho.
—Todavía no —contestó Macarena.
Era raro, en realidad.
Hace un rato había intentado llamarlo, pero él no contestó.
Buscó al guardaespaldas que Ronan tenía a su lado, pero tampoco pudo comunicarse con él.
Recordó que Ronan regresaría al país al día siguiente, así que comentó casualmente—: Seguro va en camino al aeropuerto, luego le marco otra vez.
Piero se sorprendió—: ¿Ronan no te avisó? Su viaje se alargó. No vuelve hasta el mes que entra.
—¿Tanto tiempo? —Macarena se quedó desconcertada.
Pero por el momento no le dio mayor importancia.
Después de colgar, estaba por encender el carro cuando de pronto le vino a la mente el tono extraño con el que Ronan le había hablado unos días antes. Ahora, ya tarde, cayó en cuenta de que algo no cuadraba.

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