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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 307

Benicio la observó entrar antes de volver a sacar su celular.

El post que había visto antes ya había sido borrado.

Unos minutos atrás, un video comenzó a circular como pólvora entre la gente del medio. Era imposible no enterarse.

En el video, la fecha indicaba que era de esa misma noche.

Aparecían Fermín y Macarena, juntos en el pasillo del hospital. Ambos se veían cercanos, las miradas que se lanzaban decían más que mil palabras.

La última escena era una breve conversación entre ellos.

—Quédate conmigo esta noche —la voz de Fermín sonaba cortante, sin rodeos.

—De acuerdo —respondía Macarena, directa, sin titubear.

El video estaba claramente editado, el audio era tan nítido que resultaba imposible ignorarlo, aunque la imagen salía borrosa.

Justo después, aparecía una foto de un recibo de transferencia.

La cantidad: varios cientos de millones de pesos.

Sólo un video y una captura de la transferencia.

Nada más. Sin explicaciones, pero con suficiente espacio para que la imaginación volara.

Al parecer, quien publicó el mensaje no quería hacer un escándalo. Dejó el post sólo cinco minutos antes de eliminarlo, así que no alcanzó a generar demasiada discusión.

Benicio soltó una risa cargada de ironía.

Era claro: lo habían hecho pensando en él.

La intención era evidente, buscaban sembrar dudas entre él y Macarena.

Un truco tan burdo que hasta daba pena ajena.

...

Al día siguiente, Macarena seguía sin recibir respuesta de Ronan.

Por dentro, la preocupación la carcomía, pero hacía su mejor esfuerzo por apartar el tema y concentrarse en los proyectos del nuevo complejo industrial.

Fue hasta la noche que tomó el celular y abrió la ventana de chat con Benicio.

Se quedó pensando cómo iniciar la conversación.

En los últimos días, si bien no platicaban mucho, siempre encontraban unos minutos para saludarse, aunque fuera en medio de toda la locura del trabajo.

Ella se subió sin dudar.

Su expresión se notaba mucho mejor que la del día anterior, pero Benicio era tan bueno disimulando sus emociones que Macarena no se atrevía a sacar conclusiones.

—Benicio, ¿qué perfume usaste hoy? Huele delicioso —se acercó a él buscando agradar—. ¿Te maquillaste? Te ves súper bien, aunque siempre te has visto guapo, hoy te ves todavía más.

Mientras lo miraba de arriba abajo, sus elogios salían con naturalidad y sinceridad.

No era la primera vez que lo halagaba así; de hecho, ya se le había vuelto costumbre.

Por fin, vio que a Benicio se le escapó una ligera sonrisa.

Aprovechando el momento, Macarena le tomó la mano y, con una mirada inocente, le preguntó:

—Benicio, ¿hice algo mal? Desde que me viste hoy pareces molesto.

Benicio notó su carita de súplica y le faltó el aire unos segundos.

—¿Molesto?

Le revolvió el cabello con ternura.

—¿Qué cosas dices? Macarena, tú eres la reina de este lugar. Si hoy fuiste tú la que me buscó primero, ¡yo estoy que no quepo de la alegría!

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