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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 327

Moana agitó la mano de inmediato.

—No es necesario.

—Estas cosas no cuestan mucho, además tengo cupones y aproveché descuentos en internet, así que salieron baratísimas.

—Tú solo acepta y cómetelas, ¿sí?

—Ay, ya es la una, se hizo tardísimo. Mejor nos vamos a dormir de una vez.

Apenas terminó de hablar, Moana jaló a Perla y salieron apuradas del cuarto de Macarena.

Ya en el pasillo, cerraron la puerta y Moana, todavía nerviosa, se llevó una mano al pecho.

—Uf, qué bueno que me avivé, si no, seguro nos cachaba.

—Ya nos cacharon —le soltó Perla, resignada.

—¿Eh? —Moana abrió los ojos como platos.

—Las botanas y la fruta que traías ni siquiera se consiguen en tiendas en línea, menos a ese precio y con cupones —le explicó Perla—. Además…

Perla se acercó un poco, olfateando el aire.

—Te acercaste demasiado al señor Oliva, traes su perfume pegado.

Moana se quedó callada, sin saber qué decir.

—Y eso no es todo —Perla siguió hablando—. Antes, frente a nosotras, ella ya había mencionado a Benicio. No muchas veces, pero sí las suficientes como para que te quedaras con el nombre.

—Hoy actuaste demasiado exagerada.

Moana tragó saliva. —Pero así lo hacen en las novelas…

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó, inquieta.

Perla se encogió de hombros.

—Mientras Macarena no diga nada, tú hazte la que no sabe nada.

Durante mucho tiempo, Perla había procurado hablar lo menos posible y no llamar la atención, siempre cuidando no meter la pata. Pero, después de observar a Macarena, empezó a pensar que quizá, desde hace rato, Macarena ya sospechaba algo.

Después de todo, ¿quién vive en un departamento compartido y, como Moana, carga una bolsa de más de diez mil pesos, va y viene en carro de aplicación todos los días y come a cada rato platillos balanceados?

Cada que Macarena dudaba, Moana encontraba una excusa para salirse por la tangente.

Al principio, Perla también temía que todo se viniera abajo, pero luego pensó: si el señor Oliva la encontró, era porque tampoco pretendía ocultarle la verdad a Macarena para siempre.

Hacía años que no sentía esa calidez, esa certeza de no estar sola. Por primera vez, después de mucho tiempo, se sintió arropada.

Como había dicho Perla, esa noche Macarena sudó muchísimo. Cuando despertó, al día siguiente, su cuerpo se sentía ligero, casi renovado.

A la mañana siguiente, Benicio le escribió como siempre.

Le mandó un sticker de “beso”.

No mencionó ni una palabra sobre su agradecimiento de la noche anterior.

Macarena sonrió y dejó el celular a un lado.

Después de eso, volvió a sumergirse de lleno en el trabajo de UME.

Al enterarse de que su abuelita había despertado, hizo tiempo para ir a visitarla varias veces. Cuando Paula supo por lo que había pasado, no la regañó por haber negociado en secreto con Fermín y renunciado a la herencia. Solo le tomó la mano y le deseó todo lo mejor.

—Macarena, en toda mi vida nunca me he equivocado con las personas. Vas a lograrlo, estoy segura —le aseguró Paula con un tono lleno de cariño.

Macarena no se puso ceremoniosa ni se hizo la modesta. Solo asintió, seria y convencida.

—Abuelita, lo voy a lograr.

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