Macarena conocía bien su carácter.
Si él decía que no se iba, era seguro que no se iría antes de tiempo.
Así que no insistió más. Sacó su celular y se dispuso a poner una alarma para dentro de diez minutos, pero Benicio le quitó el teléfono de las manos.
—En diez minutos te despierto yo.
—Duerme tranquila.
Macarena no discutió con él.
—Pero tienes que despertarme, ¿eh? —le advirtió.
Benicio asintió con la cabeza.
Macarena cruzó los brazos y los apoyó sobre el escritorio, acomodándose de lado para reposar allí.
Apenas cerró los ojos, cayó en un sueño profundo, como si el cansancio la arrastrara sin remedio.
Sintió que durmió una eternidad, hasta que escuchó a Benicio llamarla por su nombre. Medio dormida, apenas si recordaba dónde estaba.
Le vino a la mente el pendiente del informe y se incorporó de inmediato.
En ese momento, Benicio tecleó por última vez, luego empujó la laptop hacia ella.
—Ya te organicé los datos principales según tus apuntes. Solo falta que completes algunos detalles.
Macarena parpadeó, sorprendida.
Miró la pantalla y, para su asombro, Benicio había terminado el informe.
Le echó una ojeada rápida. Tanto la estructura como el análisis de datos eran incluso más precisos que los que ella habría hecho.
—¿Tú…? —balbuceó, mirándolo incrédula.
Benicio sostuvo su mirada con naturalidad.
Sabiendo lo que ella pensaba, esbozó una sonrisa.
—No fue complicado. Llevo tiempo escuchando tus análisis y leyendo tus notas. Ya hasta me lo sé de memoria.
El asombro y la admiración se mezclaron en la expresión de Macarena.
Benicio, notando la manera en que ella lo miraba, abrió una botella de agua y bebió tranquilamente.
—¡Benicio, ven a trabajar a UME! —exclamó Macarena, entusiasmada.
Benicio, en plena toma de agua, casi se atragantó.

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