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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 329

Macarena conocía bien su carácter.

Si él decía que no se iba, era seguro que no se iría antes de tiempo.

Así que no insistió más. Sacó su celular y se dispuso a poner una alarma para dentro de diez minutos, pero Benicio le quitó el teléfono de las manos.

—En diez minutos te despierto yo.

—Duerme tranquila.

Macarena no discutió con él.

—Pero tienes que despertarme, ¿eh? —le advirtió.

Benicio asintió con la cabeza.

Macarena cruzó los brazos y los apoyó sobre el escritorio, acomodándose de lado para reposar allí.

Apenas cerró los ojos, cayó en un sueño profundo, como si el cansancio la arrastrara sin remedio.

Sintió que durmió una eternidad, hasta que escuchó a Benicio llamarla por su nombre. Medio dormida, apenas si recordaba dónde estaba.

Le vino a la mente el pendiente del informe y se incorporó de inmediato.

En ese momento, Benicio tecleó por última vez, luego empujó la laptop hacia ella.

—Ya te organicé los datos principales según tus apuntes. Solo falta que completes algunos detalles.

Macarena parpadeó, sorprendida.

Miró la pantalla y, para su asombro, Benicio había terminado el informe.

Le echó una ojeada rápida. Tanto la estructura como el análisis de datos eran incluso más precisos que los que ella habría hecho.

—¿Tú…? —balbuceó, mirándolo incrédula.

Benicio sostuvo su mirada con naturalidad.

Sabiendo lo que ella pensaba, esbozó una sonrisa.

—No fue complicado. Llevo tiempo escuchando tus análisis y leyendo tus notas. Ya hasta me lo sé de memoria.

El asombro y la admiración se mezclaron en la expresión de Macarena.

Benicio, notando la manera en que ella lo miraba, abrió una botella de agua y bebió tranquilamente.

—¡Benicio, ven a trabajar a UME! —exclamó Macarena, entusiasmada.

Benicio, en plena toma de agua, casi se atragantó.

Benicio se detuvo, de espaldas a ella, sin voltear siquiera.

—Tengo mucho trabajo en la familia Oliva, no me da tiempo para ser tu consultor técnico. Tú…

No terminó la frase. Sintió de repente cómo Macarena se arrojaba contra él, tan de golpe que casi pierde el equilibrio y choca con el escritorio.

Antes de que pudiera reaccionar, Macarena se puso de puntillas, pasó los brazos alrededor de su cuello y lo atrajo hacia sí.

Sus labios lo buscaron, frescos y suaves, impregnados de ese aroma tan único de ella.

Por un instante, la mente de Benicio quedó en blanco y hasta se le cortó el aliento.

Pasaron unos minutos antes de que Macarena se apartara, mirándolo con una sonrisa radiante.

—Gracias, Benicio —dijo con dulzura.

Benicio abrió la boca, pero las palabras de rechazo que tenía listas se le atoraron y tomaron otro rumbo.

—Eso de ser tu consultor técnico… podemos hablarlo, pero el pago va aparte.

Macarena soltó una risita y sus ojos brillaron de alegría.

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