Eduardo no tardó nada en enviarle el expediente médico al celular de Fermín.
Fermín lo abrió y comenzó a revisar cada detalle, deslizándose de arriba hacia abajo en la pantalla.
Al principio, solo sentía curiosidad: ¿cuándo había quedado embarazada Macarena?, ¿cómo se había hecho los exámenes? ¿Y cómo había logrado ocultárselo? Sin embargo, al ver decenas de registros médicos, su mente se detuvo en seco.
En cinco años, Macarena había ido al hospital más de diez veces.
Los motivos iban desde gastritis, dolores menstruales, fracturas...
Y las dos anotaciones más recientes eran sus controles prenatales y los registros de aborto y de la atención tras el accidente de carro.
Fermín se quedó con una mezcla de sensaciones.
Desde que descubrió que Macarena había buscado a alguien para fastidiar a Abril, él la había estado dejando de lado, a propósito.
Aun así, durante todos esos años, Macarena nunca perdió oportunidad para acercarse a él, usando todo tipo de trucos y artimañas.
Que si fingía cortarse la mano mientras cocinaba, que si se caía “por accidente” y terminaba en sus brazos... Ese tipo de tretas las había usado mil veces.
Pero si en verdad había estado en el hospital tantas veces, ¿por qué él nunca se enteró? ¿Por qué jamás le contó nada?
...
Mientras tanto, en otra parte del hotel, Benicio seguía sin recibir la paga prometida.
Apenas habían cruzado la entrada, Macarena sintió ese dolor familiar, punzante y sordo en el bajo vientre.
Corrió al baño, y confirmó lo que sospechaba: le había bajado el periodo.
Desde el accidente de carro, su salud no había vuelto a ser la misma, y su ciclo menstrual se había descontrolado; esta vez se le adelantó casi una semana, algo que ni ella misma esperaba.
Macarena sentía que el dolor la dejaba al borde del desmayo.
Agarrándose del marco de la puerta, salió tambaleando y le explicó la situación a Benicio.
Apenas unos segundos antes, Benicio tenía una sonrisa en la cara, pero al escucharla, su expresión cambió.
—¿Tan de repente? —aventó, con el ceño fruncido.
Macarena no tenía ni fuerzas para contestar.
Asintió apenas con la cabeza.
Pero, al hacerlo, una duda le cruzó la mente.
¿Qué quería decir Benicio con eso?

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