Benicio dejó escapar un suspiro.
La enfermera se quedó helada con sus palabras.
Sabía perfectamente que él no era alguien común, así que se apresuró a jurarle discreción y le entregó las gotas de inmediato.
—Le guardaré el secreto, pero por favor, busque a un especialista reconocido en esta área lo más pronto posible.
Cuando la enfermera se retiró, Benicio miró hacia el fondo del pasillo.
Su vista seguía fallando, como si una capa espesa de neblina le empañara el entorno. Cerró los ojos con fuerza y soltó una bocanada de aire.
—Todo saldrá bien —murmuró en voz baja.
***
Siete días antes.
Después de salir llorando de la oficina, Teresa caminaba casi por inercia, totalmente aturdida.
Las palabras de Piero no dejaban de resonar en su cabeza.
«Teresa, confío mucho en tus capacidades y sé lo que te ha costado llegar hasta aquí. No quiero que arruines tu carrera haciendo una tontería por tus problemas personales».
«Dinos la verdad sobre la filtración de datos paso a paso y la empresa podrá ser más blanda con tu castigo. Pero si te pones necia, un asunto tan grave como robar secretos corporativos acabará con tu futuro. Si llegamos a eso, ni siquiera yo podré salvarte».
Si hasta Piero dudaba de ella, significaba que la situación se había salido de control.
Su mente era un caos total.
Al llegar a la planta baja, en vez de dirigirse a su casa, sus pasos la llevaron instintivamente al edificio del Grupo Gómez para buscar a su novio, Héctor, y pensar en una solución.
Sin embargo, al asomarse a la cafetería del primer piso, lo vio sentado en una mesa con Abril Cordero.
Héctor empujaba un anillo hacia Abril. Tenía una sonrisa enorme que ella nunca le había visto, mezclada con una actitud sumisa y complaciente.
El cristal no aislaba todo el ruido, por lo que Teresa pudo captar parte de la conversación.
—Señorita Cordero, pierda cuidado. Ya resolví el asunto de la filtración en UME. Además, tengo en mis manos el código principal de su tecnología. Solo necesitamos disfrazarlo un poco y le aseguro que pasará sin problemas.
—Lo que me prometió, ¿sigue en pie? —Héctor no le quitaba los ojos de encima a Abril.
Abril se percató de su insistencia, pero no apartó la mirada.
Echó un rápido vistazo a su alrededor, regresó su atención a él y sonrió.
—Me enteré de que tienes novia. ¿No te da miedo que se entere?
Al escuchar esto, Héctor intuyó que tenía posibilidades y se emocionó al instante.
Aunque el chisme de que Abril era la prometida de Fermín Gómez andaba en boca de todos, últimamente se rumoraba que ya habían tronado y que él andaba detrás de su exesposa.
Pero independientemente de los rumores, poder pasar una noche con alguien del nivel de Abril era el sueño de cualquiera.
Al recordar a Teresa, Héctor soltó una risa sarcástica:


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste