Fermín apretó los labios, a punto de decir algo más.
Pero al final, se contuvo.
—Que Macarena se uniera a nuestra familia fue un acuerdo entre los Molina y los Gómez —dijo con voz ronca—. Además, nuestra relación ya estaba en crisis por aquel entonces. No podemos echarle toda la culpa a ella de nuestra ruptura.
—Ella podría haber tenido un futuro brillante, pero estos años en nuestra familia fueron un infierno para ella.
—Mi padre la ignoraba, mi madre la trataba mal, y Sabri se la pasaba peleando con ella por defenderte. Y hace poco, perdió a su bebé. Y luego estoy yo...
Fermín hizo una pausa y continuó:
—El resentimiento que yo sentía hacia ella no era menor que el tuyo. Si no fuera por mi abuela, dudo que hubiera aguantado tanto tiempo con nosotros.
Antes no lograba entender por qué Macarena le había ocultado su embarazo.
Pero desde que conoció a Lea Torres y logró empatizar con la desesperación de Macarena, comprendió que, muy probablemente, ella ya tenía planeado divorciarse de él desde hacía mucho tiempo.
No fue una decisión impulsiva ni un arrebato de celos por Abril.
Esa idea llevaba gestándose en su mente mucho antes.
—Te digo esto para que entiendas que lo que pasó hace años no fue su culpa. Y aun si lo fuera, con todo lo que le has hecho, tu resentimiento ya debería estar más que saldado. Que todo termine aquí.
—Aún estás a tiempo de hacer las cosas bien. No sigas cometiendo el mismo error.
Las palabras de Fermín cayeron como un balde de agua helada.
La última pizca de sonrisa desapareció del rostro de Abril.
—Ya es tarde. Vete a casa —concluyó él.
Abril subió al auto y, al mirar por la ventana, vio que Fermín ya caminaba de regreso hacia la casa.
Antes, cada vez que él la despedía, siempre se quedaba mirándola hasta que el auto desaparecía a lo lejos. Pero esta vez, solo le dio la espalda con frialdad.
Más que celos porque estuviera defendiendo a Macarena, lo que Abril sentía ahora era un miedo paralizante.
Sus palabras tenían un doble sentido.
¿Acaso había descubierto algo?


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