Al día siguiente, tras unos últimos chequeos médicos y confirmar que todo estaba en orden, Macarena acompañó a Benicio a firmar su alta.
De regreso en la casa, apenas Benicio abrió la puerta, se encontraron con el gato Capitán sentado en la alfombra de la entrada, acicalándose con esmero.
—Solo han pasado unos días, pero Capitán se ve mucho más grande y hermoso —comentó Benicio.
Cuando compró al pequeño felino, su pelaje estaba opaco y sucio, pero ahora brillaba, suave como la seda.
Y definitivamente había ganado peso.
—Es un cachorrito, crecen rapidísimo —respondió Macarena.
Como ella se había encargado de cuidarlo todo el tiempo que Benicio estuvo ingresado, lo veía a diario y no notaba tanto el cambio.
Macarena levantó al gatito en brazos y, por puro reflejo, hundió el rostro en su pelaje.
Igual que siempre.
Olía riquísimo, como a sol y limpieza.
—Ay, qué hermoso y perfumado está mi bebé —dijo Macarena con voz mimosa.
La cálida luz de la mañana la iluminaba, dándole a su cabello un destello dorado que la hacía lucir absolutamente encantadora y en paz.
Benicio acarició la cabeza del felino y luego subió las escaleras.
Macarena no le dio mucha importancia.
Sacó su teléfono y les mandó un mensaje a Moana y Perla para preguntarles qué querían comer, así podrían organizar la compra de los ingredientes.
La cena con Ronan y las chicas ya estaba planeada, pero no esperaba que Benicio decidiera hacerla esa misma noche.
El tiempo apremiaba y, considerando que Benicio apenas salía del hospital, Macarena pensó en preparar algo que no fuera muy pesado, organizando una parrillada con diferentes cortes.
—¡Yo quiero chinchulines, morcilla y cortes bien grasosos! —respondió Moana en un audio, emocionada.
Perla se quejó de fondo: —Yo detesto las achuras y no pienso comer morcilla.
—¡Pero si eso es la gloria de un buen asado! Sin achuras no hay paraíso —replicó Moana indignada.
—Si la carne toca la misma parrilla donde pusieron las vísceras, ni loca me la como —sentenció Perla.
Moana se quedó sin argumentos.
Sin darle muchas vueltas, se acercó y le mostró la lista de ingredientes, preguntándole por los gustos de su hermana.
—Esmeralda no come asado ni nada que tenga olores muy fuertes —le explicó Benicio.
Macarena lo miró confundida. —¿Eh?
—Además, está a dieta estricta y casi no cena. Con que haya algunas ensaladas y algo de fruta estará perfecta.
Benicio tomó la lista como si nada y anotó un par de verduras y frutas.
—Su interés no está en la comida de todos modos. Haz de cuenta que ni siquiera viene a cenar.
Macarena captó la indirecta en el aire de inmediato.
¿Su interés no estaba en la comida?
¿O sea que Esmeralda también tenía otros motivos para ir?
Primero, obvio no iba por Moana ni Perla. Tampoco iba por Benicio, siendo hermanos se veían cuando querían sin necesidad de una fiesta. Y mucho menos iba por Macarena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste
Abone para obtener monedas para habilitar capítulos y no hay subido mas. Que sucede?...
Porque no han subido mas capítulos??...