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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 549

Al día siguiente, Macarena dejó todo su trabajo organizado y, justo antes de salir de su turno, pasó por la oficina de Ronan Torres para informarle. Sin embargo, al entrar descubrió que Ronan no estaba.

Macarena fue a preguntarle a Piero y así se enteró de que Ronan no se había presentado a la empresa en todo el día.

Al mencionar el tema, Piero puso cara de chismoso, la jaló con mucho misterio y le dijo: —Hace unos días, una chica lo estuvo esperando en la planta baja. Se subieron a un auto y se fueron juntos. ¿Será que por fin tiene novia?

Macarena sonrió al ver su expresión de asombro y respondió: —Ya no es un niño, tener novia no debería ser nada del otro mundo, ¿no?

—Raro, claro que es raro —exclamó Piero sin poder contenerse—. Él es un hombre muy dedicado, y antes era evidente que...

Piero se tragó la otra mitad de la frase antes de terminarla.

Como Macarena ahora tenía novio, él alguna vez llegó a pensar que, si ella terminaba con Benicio, Ronan tendría una oportunidad.

Pero si Ronan de verdad tenía una nueva relación, soltar ese comentario ya no venía al caso.

Él no continuó hablando y Macarena tampoco hizo más preguntas.

Había comprado un boleto de avión para la madrugada. Al salir del trabajo, fue directo a su casa, se dio un baño, empacó sus cosas y salió hacia el aeropuerto con su pequeña maleta.

Una vez sentada en el avión, a Macarena le preocupó que Benicio intentara contactarla durante el vuelo, así que antes de apagar el celular, le mandó un mensaje mintiéndole: le dijo que tendría que quedarse trabajando hasta tarde y que probablemente no podría contestar llamadas.

Benicio no pareció sospechar nada y se limitó a responder: —Está bien.

Tras recibir el mensaje, Macarena puso el teléfono en modo avión, se reclinó en el asiento y cerró los ojos para descansar.

A los pocos minutos, sintió que alguien se sentaba en el lugar de al lado.

Al principio, Macarena no le dio importancia, pero al percibir el inconfundible aroma de aquella colonia de hombre, se quedó paralizada por un segundo.

Abrió los ojos, giró la cabeza y, tal como lo temía, vio a Fermín.

Parecía el mismo de siempre. Llevaba un traje negro de corte impecable, su expresión era fría y daba la impresión de haber recuperado por completo su faceta de aquel imperturbable señor Gómez.

Macarena miró de reojo hacia el lado y vio que Ernesto estaba sentado justo en el otro lado del pasillo.

Como si hubiera sentido su mirada, Ernesto también se volvió hacia ella y le dedicó una leve sonrisa acompañada de un asentimiento a modo de saludo.

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