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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 78

Al ver a Ronan, Macarena se quedó sorprendida por un momento.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a traerte un vestido.

Ronan levantó la mano, señalando el delicado estuche rosa que llevaba.

Fue entonces cuando Macarena se dio cuenta del paquete elegante que colgaba de sus dedos.

—¿Esto es…?

—El vestido para la gala benéfica de mañana —le dijo Ronan, poniéndolo en sus manos—. Que UME no acepte la inversión del Grupo Gómez fue decisión mía, así que si hay que arreglarlo, no tienes por qué cargar con todo tú sola.

—Yo también tengo invitación para la gala. Mañana, cuando salgamos del trabajo, vamos juntos.

Ronan habló con una tranquilidad que hacía parecer el asunto algo sin importancia.

Su tono era tan relajado que bien podría haber estado platicando sobre un asunto cualquiera.

Macarena no le preguntó cómo se enteró de que asistiría a la gala, así como él tampoco necesitaba interrogarla sobre cómo pensaba resolver el tema del financiamiento. Entre ellos, bastaba una mirada o una palabra para saber lo que pensaba el otro.

Esa sintonía la habían construido desde que fundaron el laboratorio juntos.

En estos años, Fermín había aprendido a ignorarla, y Florencia, en cambio, siempre intentaba imponer sus deseos sobre ella. Hacía mucho que Macarena no experimentaba esa sensación de que, apenas sentía sed, alguien le acercaba un vaso de agua.

Sintió una leve punzada en el pecho, algo extraño, casi olvidado.

El nerviosismo que traía fue cediendo poco a poco.

Asintió, con una expresión suave.

—Está bien.

Pero de pronto, la duda la hizo fruncir el ceño.

—Oye, ¿y viniste sólo para traerme el vestido?

Recordaba bien que el hotel donde se hospedaba Ronan quedaba bastante lejos de ahí.

—No —respondió él.

—La verdad, lo del vestido fue solo de pasada.

Mientras hablaba, se hizo a un lado y dejó ver la puerta abierta del departamento contiguo.

—Renté un departamento aquí. Ahora somos vecinos.

Macarena pensó que había escuchado mal.

...

El agente se quedó mirando cómo los ojos de Ronan seguían fijos en la puerta por donde había entrado Macarena. Sus ojos oscuros brillaron con picardía, y en seguida captó la situación.

—Señor Torres, ¿a poco le gusta ella?

Ronan se quedó helado un instante, como si lo hubieran descubierto.

Sin embargo, pronto cayó en cuenta de que Macarena ya se había metido y no podía oír la conversación.

Recuperó la compostura y, sin negar nada, asintió.

—Sí.

A decir verdad, le gustaba Macarena desde hacía mucho tiempo.

Incluso cuando la familia Molina todavía estaba en la cima y ella ni siquiera lo conocía, ya sentía algo por ella.

El problema fue que, desde entonces, el corazón de Macarena ya le pertenecía a Fermín.

Después, Ronan buscó todas las formas posibles de acercarse, de crear oportunidades para estar juntos. Cuando por fin pensó que había una posibilidad, el matrimonio de Macarena y Fermín cayó sobre él como un balde de agua fría.

El agente, al escuchar su respuesta y ver el brillo apagado en su mirada, ya se imaginaba cómo iba la historia.

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