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A Ella la Salvaste, a Mí Me Perdiste romance Capítulo 90

Cuando Benicio estaba en el extranjero, ya había escuchado los rumores: cuando su primo Dante Oliva y su prometida Lea estaban a punto de casarse, Macarena en secreto ayudó a Lea a escapar justo antes de la boda.

Por culpa de aquello, Dante se enfureció y, cegado por el rencor, no solo la emprendió contra Macarena, sino que, además, arremetió con todo en contra de la familia Molina, dejándolos tan acorralados que apenas y podían levantar cabeza.

Aun así, Macarena nunca reveló el paradero de Lea.

—Oye, hermana, ¿tú crees que si logro conquistarla, pueda sacarle a Macarena la respuesta que Dante tanto quiere? —preguntó Benicio con una sonrisa pícara.

Esmeralda frunció el ceño y le contestó con tono serio:

—Ni se te ocurra hacer una locura, ella ahora está casada con Fermín.

—Ya lo sé, pero dicen que en poco tiempo se van a divorciar, ¿no? —insistió Benicio, sin perder la sonrisa.

—Eso no importa. La situación real es lo de menos, Macarena sigue siendo la esposa de Fermín. Además, acabas de regresar y no tienes idea de cómo se mueve todo en Rivella. No vayas a meter la pata.

Al escuchar lo tajante de Esmeralda, Benicio notó que había tocado un punto sensible. Levantó las manos en señal de rendición y trató de calmarla:

—Está bien, está bien, tú mandas, yo te hago caso.

Esmeralda, al ver que su hermano cedía, no dijo nada más y se fue bajando poco a poco las escaleras.

Benicio la miró alejarse y, después, volvió a posar la mirada en Macarena, quien estaba abajo platicando con varias personas.

Sus ojos rasgados y llenos de picardía brillaron por un instante.

No conocer la situación de Rivella era actuar a lo loco.

Pero si se informaba bien sobre Rivella, entonces ya no sería un movimiento arriesgado, ¿cierto?

Al final, solo se trataba de una mujer.

Benicio tenía fama de haber salido con muchas, y jamás había topado con una que se le resistiera.

Hasta ahora, ninguna le había dado la vuelta.

Pensando en eso, una sonrisa traviesa asomó en sus labios.

Apenas terminó de hablar, el hombre se alejó a toda prisa, como si temiera verse involucrado con ella.

Fue entonces cuando Macarena por fin entendió lo que pasaba.

Fermín había movido sus piezas.

Aunque entendía el motivo: lo que Fermín pretendía era que Ronan se viera obligado a ceder y buscar la cooperación del Grupo Gómez.

De lo contrario, conociendo el carácter de Fermín, si de verdad quisiera destruir a UME, ni ella ni Ronan habrían tenido siquiera la oportunidad de asistir a ese evento en busca de inversores.

Mientras pensaba en todo esto, Macarena siguió caminando, distraída, y de pronto tropezó con un hombre que apareció de la nada.

El vino que llevaba en la mano se derramó. Instintivamente trató de evitar el desastre, pero aun así algunas gotas salpicaron la ropa del desconocido.

—Perdón, de verdad, no fue mi intención. No te vi venir —se disculpó Macarena apresurada.

Tomó una servilleta de la mesa cercana y comenzó a limpiar el lugar donde el traje del hombre se había mojado.

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