En ese momento, llegó Sebastián.
Solo llevaba una camisa y un pantalón de vestir impecables, pero bastaba verlo caminar para sentir la autoridad aplastante que imponía.
—¿Cómo está? —preguntó Gabriel mientras se ponía de pie.
Sebastián le echó una mirada seca y no dijo nada.
Quedaba claro que ni siquiera era momento de hacer esa pregunta.
La estaba protegiendo con una seriedad que no admitía dudas.
Gabriel captó la indirecta y desvió el tema hacia Diego:
—Este tipo acaba de decir que Adriano lleva tres años casado con Elena y nunca se ha acostado con ella. ¿Tú sabías eso?
Sebastián lo volteó a ver de golpe.
Gabriel sintió que había valido la pena ir ese día.
Una y otra vez, había visto en Sebastián reacciones que jamás le había visto antes.
Era obvio que Sebastián tampoco tenía idea.
Pero rápidamente ocultó su sorpresa y se dirigió a Diego:
—La familia Roca tiene un proyecto en puerta; tú te vas a encargar de coordinarlo.
Diego jamás se imaginó que lo primero que Sebastián le diría fuera para hablar de negocios.
Siempre había sido un inútil a ojos de su familia; nunca le confiaban nada y hasta temían que cualquiera pudiera verle la cara.
Así que, al escuchar que Sebastián le estaba ofreciendo liderar un proyecto, se irguió de golpe, inflado de orgullo:
—¿De verdad? No me lo esperaba.
Gabriel lo miró con lástima y resignación.
¿De verdad ese idiota creía que iba a salir bien librado después de haber provocado a Sebastián?
El proyecto que le estaba asignando seguramente era una condena disfrazada de premio.
—Ya que no tienes inconveniente —Sebastián miró a Gabriel—, mándalo fuera del país ahorita mismo.
—Entendido —respondió Gabriel de inmediato.
Diego se quedó pasmado:
—¿Fuera del país? ¿Por qué me tengo que ir?
Sebastián no tenía intenciones de gastar saliva con él; en el trayecto, ya le había marcado al señor Roca.
Resulta que ese proyecto estaba en medio de un desierto perdido, lejos de cualquier rastro de civilización. Aunque a su padre no le hacía mucha gracia, si Sebastián lo pedía, era imposible negarse.
Sebastián se dio la media vuelta y se marchó.
Gabriel miró a Diego como si viera a un caso perdido:

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