Amaya frunció el ceño al escucharlo:
—¿Eso quiere decir que, hasta ahora, Valeria Zaldívar sigue siendo legalmente tu esposa?
Diego suspiró:
—Así es.
Amaya se encogió de hombros con resignación. Al recordar lo impulsivo que había sido Diego en el pasado, sintió una mezcla de molestia y gracia:
—Te lo advertí en su momento. El entorno de la familia Zaldívar es muy complejo y difícil de lidiar, pero no quisiste escucharme.
Diego solo pudo sonreír con amargura, sin saber qué decir.
Después de todo, él mismo había cavado su propia tumba, y ahora tenía que asumir las consecuencias.
Al verlo en esa situación, Amaya no quiso seguir recriminándole y cambió de tema:
—¿Y qué hay de Vera Ramos? ¿Cómo está ella ahora?
Diego levantó un poco la barbilla:
—Sigue en tratamiento psiquiátrico. La trasladaron a otra clínica hace poco. Su estado emocional es estable, pero perdió todos sus recuerdos. Su mentalidad retrocedió tanto que parece una niña.
Amaya miró a Romeo, quien sintió su mirada y suspiró levemente:
—¿Y el niño? ¿Sabes dónde está?
Romeo no pudo evitar recordar a Mati. Le vino a la mente la primera vez que lo sostuvo en brazos, creyendo firmemente que era su hijo.
En ese momento, él había experimentado la genuina alegría de convertirse en padre.
Quién diría que al final todo resultaría ser un amargo engaño.
Diego respondió:
—Dante Ramos se lo llevó. Escuché que lo está criando en una villa en Tailandia y que lo cuida la misma niñera mayor de antes.
Al pensar en ese pobre niño inocente criado por un capo del narcotráfico como Dante, Amaya sintió que el destino era sumamente cruel.

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