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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 134

—Mamá, ¿qué le pasa a Diego? ¿No se supone que iba a reclamarle a Amaya? ¿Por qué se ha tardado tanto?

—Quédate con Mati, ¡voy a asomarme!

Vera no pudo aguantar más. Le pidió a Sonia que cuidara a Mateo, abrió la puerta y salió caminando por el pasillo.

Al dar unos cuantos pasos, se topó con la imagen de Diego ayudando a una débil y demacrada Amaya, sosteniendo en alto su suero y regresando lentamente a su cuarto.

Vera se quedó paralizada en el sitio, como si le hubieran lanzado un hechizo.

Si Diego acababa de salir echando chispas, ¿cómo es que ahora de repente parecía el esposo modelo, acompañándola con tanto cariño?

Al ver cómo se apoyaban el uno al otro como una pareja feliz, Vera sintió que enloquecía.

Regresó furiosa a su habitación y azotó la puerta con todas sus fuerzas.

El estruendo terminó despertando a su hijo, que dormía profundamente, desatando un llanto escandaloso.

Sonia la fulminó con la mirada:

—Vera, ¿qué te pasa? El niño está chiquito, ¿no puedes cerrar la puerta despacio?

Vera también estaba furiosa:

—Mamá, ¿tienes idea de lo que acabo de ver?

—¡Diego no le fue a reclamar nada a Amaya, se fue a jugar al marido perfecto!

—Te apuesto lo que quieras a que sigue metido en su cuarto. ¡Si no me crees, ve tú misma!

Sonia se quedó sin palabras. Mientras arrullaba a Mateo, contestó incrédula:

—¿C-cómo crees? ¡No puede ser!

—Si Diego estaba echando fuego por la boca hace un rato. Y con lo insoportable que se pone Amaya, ¿a poco le va a seguir aguantando sus desplantes? No lo creo, él no es de los que se rebajan así...

Vera se puso las manos en la cintura, irritada:

—¡Mamá, es verdad! ¡Lo vi con mis propios ojos!

—Amaya se le hizo la víctima y se puso a caminar con el suero. Seguro a él se le ablandó el corazón; la traía agarrada del brazo mientras cargaba la bolsa, ¡parecían un par de tortolitos!

—Si esto sigue así, se van a reconciliar en un par de días. ¡Háblale rápido a mi tía Josefa para que se venga de volada, no podemos dejar que regresen!

Josefa estaba de muy buen humor por la noticia y contestó alegre:

—Ya lo sé, no hace falta que me lo digas.

—Tú tranquila. Yo ya había tanteado a Rubén sobre el tema, y desde que supo que era niña ni siquiera ha preguntado por ella.

—Ya lo conoces. Es un machista de primera, siempre le ha importado más tener un varón; ¡si no, no me habría aguantado cuatro partos ni habría arriesgado mi vida para darle el hijo que quería!

Sonia le siguió la corriente, asintiendo fervientemente:

—¡Claro, claro! Por eso, Josefa, aprovecha que Rubén está de vuelta en Solsepia para hacer pedazos a esas dos.

—Y descuida, Vera y yo también nos vamos a mover por acá. No te vamos a dejar todo el trabajo a ti, juntas nos desharemos de ellas.

Aunque Sonia tenía facciones afables, en ese instante su expresión era la de una mujer venenosa.

A su lado, Vera saboreaba el triunfo por anticipado. Ya quería ver la estrepitosa caída de Amaya.

Justo cuando Sonia colgó la llamada, Vera se acercó y le susurró al oído:

—Mamá, le pedí a un contacto que averiguara algunos chismes de adentro de Oro & Noche...

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