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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 152

—Y esta no es la única gracia que tu prima ha hecho hoy —continuó Amaya—. Ah, por cierto, ¿qué decías hace rato? Que ella ni siquiera es capaz de matar a un pez, que jamás podría cometer un crimen como provocar un incendio, ¿verdad?

Diego habló con voz grave, aunque sonó involuntariamente débil; sentía las piernas entumecidas:

—Ami, ¿no será... que hay algún malentendido?

Seguía sin poder creérselo.

Lo que acababa de ver destruía por completo todo lo que él pensaba sobre Vera y Sonia. Necesitaba un poco de tiempo para procesarlo.

Amaya no podía creer que, incluso frente a esa evidencia, él siguiera excusando a Vera. Su sonrisa fría se acentuó aún más:

—¿Malentendido? Veo que de verdad la tienes en un pedestal. Pues espérate, porque ya tengo todas las pruebas del incendio de esta noche en Oro & Noche. Si es necesario se las entrego a la policía. Ahí veremos si fue un malentendido o si alguien lo planeó todo desde hace tiempo.

El tono tan seguro de Amaya le hizo darse cuenta al instante de la gravedad de la situación, así que gritó apresurado:

—Ami, espera. Cálmate un momento, voy para allá ahora mismo.

Dicho esto, Diego colgó de prisa y bajó corriendo las escaleras como alma que lleva el diablo.

Había contestado la llamada en el pasillo, y Josefa había estado escuchando toda su conversación con Amaya a través de la rendija de la puerta.

La noticia del incendio en Oro & Noche la tenía tan emocionada que no había podido pegar el ojo en toda la noche.

Pero al escuchar a Amaya hace un momento, se dio cuenta de que la situación se había salido de control y salió disparada de su cuarto.

—Diego, ¿a dónde vas a esta hora? —preguntó Josefa, haciéndose la desentendida mientras se ponía un saco y corría tras él hacia la planta baja.

—¡Qué cosas dices! ¡Claro que no! Yo... yo nada más estoy preocupada por Vera y por tu tía Sonia, por eso quiero ir contigo a ver qué pasa. No sé qué andaban haciendo hoy, te lo juro. Diego, no me mires así, ¡yo no tuve nada que ver con el incendio de Oro & Noche! —Josefa se puso tan nerviosa y se enredó tanto con sus propias palabras, que terminó soltando la sopa sin querer.

Al escuchar esa pobre excusa que solo la incriminaba más, a Diego le latieron las sienes con fuerza. Una rabia inmensa le invadió de golpe.

Apretó los dientes para contenerse, pisó el acelerador a fondo y se dirigió directo hacia el antro exclusivo.

Apenas empujó la puerta del cuarto privado, Vera lo vio. Pálida del susto, corrió hacia él y se le echó encima, llorando a mares:

—¡Diego, fue... fue Amaya la que nos tendió una trampa a mi mamá y a mí! Nosotras ni queríamos venir a tomar, ¡ella nos engañó para traernos! ¡Solo quiere arruinar nuestra imagen! Diego, nos tienes que ayudar, tienes que creerme. ¡Mi mamá y yo no somos de esa clase de mujeres que viste en el video! —Vera señaló a Amaya, repitiendo su viejo truco de echarle toda la culpa.

Al escucharla, Diego levantó la cabeza de golpe y le clavó una mirada glacial a Amaya, soltando unas palabras casi por instinto...

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