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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 151

El corazón de Diego dio un vuelco.

Al segundo siguiente, a través de la videollamada, vio de inmediato la increíble escena dentro del cuarto privado.

En el enorme cuarto privado, sobre un gran sofá rojo, dos mujeres con los rostros sonrojados y ropa provocativa estaban acurrucadas en los brazos de dos jóvenes sin camisa.

Esa actitud seductora y bochornosa era una verdadera aberración para la vista.

Las luces del lugar eran tenues, por lo que Diego no podía distinguir bien los rostros de las mujeres, solo lograba ver sus siluetas.

¿Acaso eran...?

Detuvo sus pasos, abriendo los ojos de par en par.

Amaya mantenía el celular en alto, grabando a unas ya muy borrachas Vera y Sonia dentro del cuarto, con una expresión helada.

Detrás de ella estaba Saúl, alto y corpulento como un muro humano. Él tenía el rostro inexpresivo, como un guardián protegiendo a Amaya.

Al ver aparecer a Amaya y darse cuenta de que las apuntaba con el celular,

Vera se quedó pasmada. Al instante siguiente, como si de repente se diera cuenta de lo que pasaba, pegó un grito:

—Amaya, tú... ¿cómo supiste que estábamos aquí? Este es un cuarto privado VIP del más alto nivel, ¿cómo... cómo entraste? Y, ¿por qué me apuntas con el celular? ¡No puedes tomar fotos! ¡Baja el teléfono!

Los gritos de Vera se volvían cada vez más histéricos. El alcohol se le bajó de golpe y se abalanzó hacia el frente, manoteando con furia.

El brazo fuerte de Saúl le dio un empujón contundente, haciendo que Vera perdiera el equilibrio y retrocediera a tropezones.

A Sonia también se le había pasado gran parte de la borrachera. Al ver que Amaya la grababa con el teléfono, se tapó la cara con las manos por puro instinto.

En un momento como ese, lo primero en lo que pensaba esa señora era en su imagen.

—Diego, ¿ahora sí ves con claridad? ¿Esa es tu prima Vera, tan pura, buena y dulce? Ah, y ahí también está tu tía Sonia, esa mujer tan elegante y amante de la caridad. Híjole... Las dos metidas aquí con seis muchachos guapos, madre e hija pasándola de maravilla. ¿Estas son tus delicadas niñas que viven en una burbuja? —El tono de Amaya era pausado, pero con un toque de incredulidad.

A decir verdad, aunque su madre había trabajado de noche desde que ella era niña, Amaya casi nunca se había contagiado de las costumbres de ese ambiente.

Lo más rebelde que había hecho en su vida era irse de pinta en la preparatoria con Sofía para ir a cantar al karaoke o pasarse el rato en un cibercafé.

Pero eso de buscar hombres a escondidas para darse la gran vida de fiesta, como hacían Vera y Sonia, era algo que ni siquiera su madre, estando soltera tantos años, sería capaz de hacer.

Diego estaba lívido, con el rostro tan tenso que parecía a punto de explotar.

Miraba fijamente la pantalla, con el pecho subiendo y bajando violentamente. Estaba tan conmocionado e impactado que se quedó sin palabras.

Amaya esperó un momento, y al ver que él no reaccionaba al otro lado de la línea, se burló:

—¿Te acabo de abrir los ojos? Estás que no te la crees, ¿verdad?

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