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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 165

En la otra habitación del hospital.

Vera y Sonia estaban juntas, con cara de preocupación.

—¿Qué vamos a hacer esta vez, mamá? —dijo Vera—. ¿Cómo es posible que Amaya de pronto se haya vuelto tan mañosa? ¡Pudo conseguir las pruebas en donde le pagábamos a la gente para provocar el incendio en menos de nada! Ahora la tía Josefa y mi primo están fúricos con nosotras.

Vera soltó un largo suspiro, sintiéndose más desesperada que nunca:

—¡Teníamos planeado jugar a nuestro favor, pero nos salió el tiro por la culata! ¡Y ahora encima le tenemos que pagar un dineral!

Sonia miró a Vera con cierto coraje:

—¿Y qué querías que hiciéramos? Las cosas ya están hechas, si no pagamos el dinero, Amaya nos manda directito a la cárcel. Todo esto es culpa tuya, si desde un principio te hubieras alejado de Diego, no nos estarían pasando estas desgracias.

Vera hizo un puchero, incapaz de contenerse ante la injusticia:

—¡Mamá, ¿por qué me echas la culpa de todo a mí?! ¡Está clarísimo que todo esto fue obra de Amaya!

Vera frunció el ceño:

—De todos modos, se me hace súper raro que de la noche a la mañana se haya vuelto tan movida. Mamá, yo digo que trae algo o a alguien entre manos... ¡Tenemos que averiguar qué es!

Sonia se frotó las sienes:

—Ese chavo que siempre anda de pegoste con ella... Saúl, ¿verdad? Se ve que es de armas tomar. Amaya y Beatriz no tendrían ni para pagarle a alguien como él, conociendo la situación en la que están.

—Vera, no podemos seguir quedándonos de brazos cruzados. Tenemos que buscar un buen respaldo.

Vera seguía angustiadísima:

—Papá no está dispuesto a mover ni un dedo por nosotras, y mucho menos podemos decirle en la porquería que andamos metidas, o nos cuelga vivas. Y en las condiciones en las que estamos, ¿quién nos va a querer ayudar?

Sonia se quedó pensativa unos segundos, y de repente se le vino alguien a la mente:

—Verita, conozco a alguien. Si él acepta apoyarnos, Amaya y Beatriz se van a ir al hoyo.

—Mamá, ¿quién? —Vera sintió un repentino ataque de curiosidad.

Tipos como él eran como una víbora que habitaba en los lugares más recónditos: portaban un veneno mortal, y si te mordían, estabas frito.

Si no fuera por la situación extrema, a Sonia no le hubiera pasado por la cabeza tener algún trato con un sujeto como él... Sin embargo, con todo lo que Amaya había hecho últimamente, no veía otra salida más que acudir a él en su desesperación.

Le picaban las manos por llamar a Dante para pedirle que le diera un buen escarmiento a Amaya.

Pero al ver a Vera tan aterrada y recordando los traumas que Dante le había dejado a su hija años atrás, Sonia tuvo que refrenarse y trató de darle indicaciones a Vera:

—Muy bien, si hay que pagar el dinero, nosotras no tenemos con qué, pero tú sabes de sobra que Diego sí lo tiene. Tienes que ver la manera de hacer que Diego asuma la culpa de todo el problema.

Vera empezó a idear un plan:

—Ya te entendí, mamá. Déjame ver bien cómo lo hago... Amaya ha estado demasiado brava últimamente y ya van varias veces que nos arrastra por el lodo, pero no vamos a dejar que nos descarrile. Y otra cosa, tú tienes que hacer lo posible por arreglar las cosas con la tía Josefa. Es urgente, no nos podemos dar el lujo de perder su apoyo en un momento así.

Sonia asintió con una mirada bastante decidida:

—Tranquila. Tu tía Josefa se deja enredar muy fácil; solo hay que dejar que se le pase el coraje un par de días, luego vamos a visitarla para hacerle mimos y llorarle un poquito, ya verás que con eso se le olvida todo y vuelve a estar de nuestro lado.

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