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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 299

Era un video.

En la grabación, un hombre y una mujer se besaban apasionadamente dentro de un coche. Se acariciaban sin pudor; las manos de ella rodeaban el cuello del hombre, mientras él la presionaba con fuerza contra el asiento.

Aunque el clip duraba apenas un minuto, tanto las placas del vehículo como los rostros de ambos se veían con total claridad.

Era exactamente lo que acababa de pasar entre él y Amaya en el coche.

Le había llegado un video por mensaje desde un número desconocido. Seguramente lo había enviado aquella mujer que, momentos antes, estaba de pie a pocos metros del auto apuntándoles con su celular.

El rostro de Romeo se endureció de inmediato.

Sus dedos largos teclearon con rapidez una respuesta directa:

[Dime, ¿qué buscas con esto?]

La respuesta no tardó en llegar:

[Arruinarles la vida a ti y a esa perra. Estás acabado, Romeo.]

Una mirada gélida y amenazante se apoderó de los ojos de Romeo, mientras una leve sospecha comenzaba a tomar forma en su cabeza.

[¿Quién demonios eres?]

No hubo más palabras. La otra persona se limitó a enviarle un sticker bastante macabro y perturbador.

Romeo palideció. Marcos notó que algo andaba mal y le hizo un gesto con la cabeza.

—Romeo, ¿qué pasó? —preguntó.

—Alguien nos tendió una trampa —dijo Romeo, pasándole el celular con un suspiro—. Marcos, ¿el área de acampar tiene cámaras de seguridad? ¿Conoces al dueño?

Al ver el video, a Marcos se le puso la piel de gallina y soltó un «¡no mames!» sin poder contenerse.

—Tengo el contacto del dueño —asintió—. Seguro tienen cámaras, deja le marco ahorita mismo.

Tras darle vueltas al asunto, a Marcos lo invadió un sudor frío. Al recordar cómo Diego había intentado quitarle a la niña a Amaya hacía poco, se le ocurrió una teoría.

—¿No crees que Diego armó todo este circo para quedarse con la custodia de la niña? —preguntó—. Tal vez quiere que Amaya quede como la culpable del divorcio y arruinarles la vida a los dos.

Romeo también había tenido esa duda, pero sacudió la cabeza por instinto.

—Diego y yo crecimos juntos. Quiero pensar que... no caería tan bajo.

Aunque solo era una suposición.

Habían pasado tantas cosas entre ellos últimamente que, a decir verdad, ya no estaba tan seguro de la clase de persona que era.

Marcos no dijo nada más. Jamás se imaginó que una simple salida nocturna fuera a terminar en semejante desastre, y de pronto sintió una punzada de culpa.

El dueño del lugar fue muy cooperativo y les mostró todas las grabaciones de esa noche.

Romeo se sentó frente a los monitores, sin apartar la vista ni un segundo de cada persona que aparecía en pantalla. Tenía el rostro tenso y una mirada gélida que ocultaba cualquier emoción. Su imponente presencia era tal que ni Marcos ni el dueño se atrevieron a decir una sola palabra.

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