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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 298

Romeo miró a la mujer, que estaba roja y retorciéndose de incomodidad. Su mirada se entristeció, revelando su preocupación, pero no tenía otra opción.

Soltó un suspiro y, al levantar la vista de reojo, notó la silueta delgada de alguien a poca distancia.

La poca luz del estacionamiento no le permitía verle la cara, pero por la complexión dedujo que era una mujer. Tenía una sonrisa bastante macabra y estaba apuntando hacia él con su celular.

A Romeo se le fue el alma al suelo.

Hacía unos momentos había encendido la luz del techo del coche para revisar bien qué le pasaba a Amaya.

Es decir, si esa persona llevaba rato ahí con el celular, todo el forcejeo que tuvo con Amaya quedó grabado.

Tenía que ser la misma persona que drogó sus bebidas.

Al darse cuenta, Romeo abrió la puerta de golpe y caminó rápidamente hacia ella.

Sin embargo, al llegar al lugar, se dio cuenta de que ya no había nadie ahí.

¿Acaso se lo había imaginado?

No, eso era imposible. No logró distinguirle la cara, pero estaba seguro de lo que vio.

Romeo echó un vistazo rápido por la zona. Desde la zona de acampada aún se escuchaba la música y las risas de la gente.

No encontró a la mujer, pero en cambio, Marcos apareció corriendo a su lado.

—¡No manches! Se me fue encima feo, casi pierdo la dignidad —soltó Marcos, exhausto y apoyándose en las rodillas.

Romeo lo miró y se sorprendió al ver en qué estado se encontraba.

Marcos tenía el cuello lleno de chupones, la camisa abierta, con manchas de labial, y el cabello todo despeinado.

Ambos se miraron de forma rara y terminaron riéndose al mismo tiempo.

Pero una vez pasado cierto tiempo, justo cuando llevaban a la víctima a algún hotel, los efectos se volvían incontrolables.

Camilo trajo un antídoto. Lo disolvió rápidamente en agua y se los dio a beber a ambas.

Aún mareadas, Sofía y Amaya tomaron el agua y poco después terminaron vomitando.

Sin embargo, una vez que se desahogaron, volvieron a quedarse dormidas en paz.

Los tres hombres unieron fuerzas para llevarlas al hospital. Por precaución, les pidieron a los médicos que les pusieran suero.

Con tanto ajetreo, ya era cerca de la medianoche.

Para entonces, a Romeo y a Marcos ya se les había bajado por completo la borrachera. Después de acomodar a las mujeres, los tres se dirigieron a la zona de fumadores del hospital.

Romeo apenas encendió su cigarro y le dio un jale, pero antes de que pudiera soltar el humo, le llegó un mensaje al celular que hizo que su rostro palideciera por completo.

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