La imponente energía que desprendió Amaya hizo que la doctora diera un pequeño salto en su silla.
Rápidamente se ajustó los lentes, y su rostro tenso cambió de inmediato por una sonrisa tranquilizadora.
—Sin embargo, por suerte, acaba de llegar el análisis morfológico de la médula ósea. Reni ha tenido mucha suerte; no se encontró ninguna célula leucémica en su médula.
Amaya frunció aún más el ceño, exigiendo respuestas rápidas.
—¿Y entonces? ¿Qué significa eso? Doctora, ¿puede hablar en un idioma que yo entienda, por favor?
La médica se apresuró a explicar.
—Cruzando esta información con el historial de Reni, concluimos que la niña no tiene leucemia, sino una reacción leucemoide severa.
—La función de su médula para producir sangre está en perfectas condiciones. Esos indicadores tan alarmantes se dispararon porque contrajo una infección viral muy grave y su cuerpo está luchando con todo contra el patógeno. En pocas palabras, fue un susto enorme. En cuanto curemos esta infección, su pequeña estará completamente sana.
Cuando la doctora terminó de explicar los resultados, el cuerpo entero de Amaya empezó a temblar de manera incontrolable.
Las piernas le fallaban, no podía ni sostenerse. Sentía una mezcla de llanto y risa atorada en el pecho, y no sabía si era pura felicidad o el agotamiento extremo de haber sobrevivido al apocalipsis.
Romeo acercó rápidamente una silla y la ayudó a sentarse con suma delicadeza.
Amaya se limpió las lágrimas que le bañaban el rostro. De repente, sintió que le habían quitado un edificio de cien pisos de los hombros; su corazón, antes asfixiado, ahora latía ligero y libre.
Agarró a la doctora por los hombros, con la voz quebrada.
—O sea que... ¿mi hija no tiene leucemia? ¿Está sana, verdad?
La doctora, un poco asustada por la intensidad de Amaya, se hizo hacia atrás asintiendo repetidas veces.
—Bueno, no está al cien por ciento sana porque aún requiere tratamiento para la infección, pero definitivamente no es leucemia. Puede estar tranquila, es algo que tiene cura total.
Pero justo en ese instante, el director Zúñiga irrumpió en el consultorio, abriendo la puerta a toda prisa.
Sin darse cuenta de que Romeo y Amaya estaban allí, soltó de sopetón:
—¡Doctora Velasco! ¿Me está diciendo que Valeria Zaldívar quiere sacar el expediente médico de Reni? ¿Para qué lo quiere? Escúcheme bien, por ningún motivo vaya a...
El director Zúñiga se quedó mudo al toparse con dos miradas heladas clavadas en él.
Gotas gruesas de sudor frío comenzaron a rodar por su frente. Sintió un escalofrío por todo el cuerpo y, con movimientos robóticos, levantó la mano para saludar a Amaya y Romeo.
—Qué... qué casualidad, señores. También están aquí... Hola de nuevo.
Romeo habló con un tono tranquilo, pero cargado de una autoridad aterradora.
—¿Acabas de decir que Valeria Zaldívar quiere el expediente de Reni? ¿Ya se lo entregaron?

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