Su barrera mental se derrumbó en ese instante.
Diego cerró los ojos. En su cabeza no dejaba de repetirse la imagen de Amaya y Romeo Ortega de pie juntos, enfrentando al mundo como un frente unido.
Esa complicidad natural entre ellos parecía burlarse de él, demostrándole lo patético que era al seguir sintiendo algo por Amaya.
A la mierda...
Si ahora ella era inseparable de Romeo, pegados como siameses, y si ella pisoteaba sus límites con tanto descaro sin importarle lo que él sintiera, entonces...
¿Por qué diablos debía él guardarle fidelidad a una mujer a la que no le importaba en lo absoluto?
Con ese pensamiento, cuando Diego volvió a abrir los ojos, su mirada se había oscurecido.
Dejó de resistirse, agarró repentinamente a Valeria por su fina muñeca, la metió de un tirón a la casa y la acorraló contra la pared.
La voz de Diego sonó ronca y áspera.
—¿Estás segura?
Los ojos de Valeria brillaban de triunfo, totalmente embriagados de deseo.
—Diego, si pasas la noche conmigo, te garantizo que mañana mismo el Grupo Zaldívar firmará con el Grupo Muñoz.
—Y te tengo buenas noticias. Mi padre ya consiguió una inversión gigante de tres mil millones. Si te alias con nosotros, solo tendrías que aportar mil millones.
—Hablando claro, este es un negocio donde el que se asocie con nosotros tiene el éxito asegurado. Literalmente te estoy regalando dinero para salvarte la vida, Diego.
La mirada de Valeria desbordaba lujuria y su respiración ya era agitada.
Aunque Diego había tomado bastante, su mente seguía calculando.
Desde la última vez que Valeria y su padre visitaron el Grupo Muñoz, él había ordenado investigar ese proyecto a fondo.
De inmediato, se las mandó todas a Marta, la niñera.
_No puedo soportarlo más, Marta. La niña sigue enferma y este desgraciado tiene tiempo para andar metiendo mujeres a la casa. ¡Qué asco de hombre!_
_Enséñale estas fotos a la señora. Dile que firme el divorcio ya. Un tipo así no vale la pena, ¡solo da repugnancia!_
Como Eva ya había decidido renunciar, actuaba sin ningún tipo de miedo.
Por su parte, apenas Marta recibió las fotos, se las reenvió de golpe al teléfono de Amaya.
Arriba, Diego dejó a Valeria sobre la cama.
Ella, sin perder tiempo, comenzó a quitarse el vestido de manera provocativa.
Diego le clavó la mirada. Tenía los ojos perdidos; en su mente, los recuerdos de todo lo que había vivido con Amaya comenzaron a invadirlo, y sintió que el mundo le daba vueltas...

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