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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 104

—Eso es pura basura.

Vera estaba sentada en el asiento del copiloto del auto de Hugo, hablando por teléfono.

Al escucharla soltar esa frase tan cruda, a Hugo no solo no le molestó, sino que le pareció aún más adorable.

Su esposa tenía mucho carácter.

—Nicanor cree que no sé de qué va su teatrito de la «cena familiar». De verdad piensa que soy idiota.

Al otro lado de la línea, Mateo Castillo se frotó las sienes y suspiró.

—No les hagas caso. El maestro me mandó unos datos experimentales. Esta vez no vas a poder esquivar el trabajo, te toca ayudar.

Vera soltó un largo suspiro, murmuró un «entendido» y colgó.

Como ella no explicó de qué iba la llamada, Hugo, respetando su espacio, no hizo preguntas.

Sin embargo, a medianoche, cuando Hugo se levantó y vio que la luz de la habitación de Vera seguía encendida, frunció el ceño, preocupado, y tocó a la puerta.

Al no recibir respuesta tras un par de golpes, empujó la puerta con suavidad.

La encontró sentada en la cama, con la laptop aún encendida sobre las piernas. Su cabeza estaba recargada contra la cabecera; se había quedado profundamente dormida en esa posición.

Hugo sintió una punzada de ternura. Se acercó de puntillas, tomó la laptop con cuidado y la dejó a un lado. Al notar que la pantalla mostraba puros documentos en inglés, no tocó nada más; solo la enchufó al cargador.

Vera tenía el sueño ligero. Al sentir que alguien la tocaba, reaccionó por puro instinto de supervivencia.

Le asestó un codazo directo al pecho a Hugo.

—¡Agh...!

Hugo cayó de rodillas junto a la cama, con expresión de dolor.

Vera se despertó de golpe, aterrada. No creía haber usado tanta fuerza. ¿Acaso le había dado un golpe seco directo en el corazón?

—¡Hugo! ¿Estás bien? Yo... voy a llamar a una ambulancia. ¡Resiste!

Vera empezó a buscar su teléfono desesperada entre las sábanas, pero entonces escuchó una risa grave y baja a sus espaldas.

—Estoy bien. Te estaba tomando el pelo.

Hugo solo había querido probar si a ella le importaría si le pasaba algo.

Aunque el golpe lo había tomado por sorpresa, años de entrenamiento físico y gimnasio aseguraban que no iba a quedar herido por el impacto de lo que parecía el zarpazo de un gatito.

Vera detuvo su búsqueda. Apretó los dientes, se giró y le soltó una patada.

—¿Te parece muy gracioso asustarme así?

Capítulo 104 1

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