Hugo lo miró sin expresión alguna y le hizo una seña para que bajaran las escaleras.
—Vera es tu cuñada.
Esas palabras le resultaron increíblemente punzantes a Patricio. Hugo lo miró de reojo.
—¿A qué viniste?
—Santiago va a participar en una carrera y vine acompañando a Ofelia. Me enteré de que estabas por aquí y quería saber si irías a la villa a descansar —murmuró Patricio, cabizbajo.
—Aunque, viéndolo bien, creo que ya no será necesario. Ofelia tampoco quiere cruzarse con Vera.
Hugo ignoró ese último comentario y se quedó pensando en la carrera.
El hermano de Vera también venía a competir. ¿Acaso sería el mismo evento?
Aunque Hugo no tenía intenciones de ir a la villa, ambos recibieron una invitación. Paula Pérez los había convocado a una reunión en el lugar.
Hugo quería negarse, pero quien mandó el aviso fue la gente de Don Ernesto. No podía rechazarlo tan fácil.
A Vera, en cambio, le daba igual. No le molestaba convivir con Paula.
Sabía que tenía que acercarse más a ella para encontrar alguna pista.
El día de la reunión, ambos llegaron a la villa.
Poco después de entrar, Don Ernesto mandó llamar a Hugo.
Vera se sentó sola en un lugar apartado, observando discretamente cada movimiento de Paula.
—Usted debe ser la esposa del señor Heredia. Él me pidió decirle que le ha preparado una sorpresa en el Campamento de la Cumbre y que la llevara hasta allá —dijo de pronto un empleado del lugar, con mucha cortesía.
Vera frunció el ceño.
—¿Hugo te lo pidió?
Era imposible que Hugo le preparara una sorpresa, y mucho menos que mandara a un desconocido a buscarla.
Vera se puso a la defensiva, pero el hombre asintió.
—Así es, señora.
Lo pensó por un momento y finalmente se puso de pie.
—Vamos entonces.

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