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Adiós al Compromiso, la Falsa Heredera contraataca romance Capítulo 22

Vera Ayala llegó al centro comercial y tuvo que esperar una eternidad hasta que por fin aparecieron.

—Ay, perdónanos, Vera. Es que Ofelia se despertó diciendo que no le gustaba el desayuno de la empleada, y eso nos retrasó un poco —se excusó Pandora Jiménez, aparentando pena. Habían acordado verse a las nueve de la mañana y llegaron tardísimo.

Ofelia Ayala se aferró del brazo de su madre y la miró con altivez.

—Mi mami me consiente mucho y quiso prepararme el desayuno ella misma. No te molesta, ¿verdad?

Vera sonrió. ¿En serio Ofelia creía que un truco tan infantil iba a herirla?

—Mamá, creo que Maison Carole sacó una nueva colección. Quiero ir a ver.

Ofelia arrastró a su madre hacia la exclusiva boutique de alta costura. Antes de entrar, se volvió hacia Vera con una sonrisa burlona.

—¿Acaso puedes pagar algo de Maison Carole? ¿O planeas seguir gastando el dinero de nuestra familia sin una gota de vergüenza?

—Ofelia, por favor, Vera nos va a hacer un gran favor esta vez. No le hables así —Pandora acarició la mano de su hija para calmarla, y luego le dedicó una sonrisa complaciente a Vera—. Si te gusta algún vestido, pruébatelo. Yo te lo compro. Tómalo como un regalo de agradecimiento de la familia.

Ofelia resopló con desdén, se soltó del agarre de su madre y se fue a mirar la ropa. Pandora corrió detrás de ella de inmediato.

Vera observó cómo la mujer ayudaba a Ofelia a elegir prendas con una sonrisa llena de ternura. Esa misma escena había aparecido en sus sueños innumerables veces cuando era niña. Pero ahora, viéndolo en carne y hueso, su corazón no sintió absolutamente nada.

Hacía mucho tiempo que había dejado de ser esa chiquilla que, en el extranjero, ardía en fiebre en medio de una noche lluviosa, rogando por una pizca de amor de sus padres.

—Señorita, este vestido rojo resaltaría su figura maravillosamente —dijo la asesora de ventas, mostrándole un catálogo en una tableta—. Es un diseño elegante pero versátil, ideal incluso para eventos menos formales. Además, quedan muy pocas piezas. Si le gusta, puede probárselo.

Vera bajó la mirada. El vestido realmente era precioso.

—No necesito probármelo. Envuélvalo, por favor.

Vera tenía una figura envidiable, con curvas perfectas; todo lo que se ponía le quedaba como hecho a la medida. Por eso, al comprar ropa, solo necesitaba ver el diseño.

La asesora sonrió de oreja a oreja y estaba a punto de procesar la venta cuando Ofelia se acercó.

—Ciento treinta mil pesos por un vestido... Vaya que tienes el descaro de pedirlo.

Ofelia la miró con asco. Le parecía el colmo de la desvergüenza.

—También me gusta este vestido. Dámelo a mí —exigió Ofelia.

Capítulo 22 1

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