Hugo Heredia se acercó con el ceño fruncido y fulminó a Ofelia con una mirada glacial.
—¿Esta es la educación que recibe la hija de la familia Ayala?
Vera levantó la vista, sorprendida. ¿Qué hacía el Señor Heredia aquí? Además, ni siquiera sabía el contexto de la discusión, ¿cómo podía estar tan seguro de que Ofelia era quien la atacaba?
—Hugo, yo no le estoy haciendo nada. Es ella la que insiste en quitarme el vestido que me gusta —se defendió Ofelia, dándole la vuelta a la situación.
Hugo soltó una carcajada cargada de sarcasmo.
—Tú eres perfectamente capaz de hacer algo así. Ella no.
Al escuchar a alguien defenderla con una convicción tan absoluta, Vera bajó la mirada y dejó escapar una suave sonrisa.
Esa sonrisa fue como sal en la herida para Ofelia, quien apretó los dientes, consumida por la rabia.
¿Cuándo diablos esta maldita había seducido al Señor Heredia para que él la defendiera una y otra vez?
—¿De verdad te gusta mucho? —preguntó Hugo, inclinándose un poco hacia Vera.
Ella negó con la cabeza.
—No está mal.
—Entonces elige el que más te guste. Aunque, por lo visto, la presencia de ciertas personas está arruinando tu tranquilidad.
La mirada de Hugo se oscureció. Sacó su teléfono y marcó un número.
—Comuniquen a la administración del centro comercial. Que cierren las puertas al público de inmediato.
Vera lo miró atónita. Antes de que pudiera decir una palabra, Ofelia entró en pánico.
—¡Señor Heredia! ¡Yo soy la que está a punto de casarse con un miembro de su familia! Somos casi parientes, ¿por qué defiende a una extraña?
Pandora regresó justo en ese momento y su corazón dio un vuelco al escuchar cómo su hija le hablaba a Hugo Heredia.
—Señor Heredia, ¿qué está pasando? —preguntó, nerviosa, antes de jalar del brazo a Ofelia—. No puedes hablarle así al Señor Heredia. Discúlpate ahora mismo.
Ofelia se mordió el labio. No pensaba humillarse frente a Vera. Resopló y cruzó los brazos.
—No quiero.
Vera dio un paso atrás, manteniendo una distancia prudente, pero le sonrió.
—Gracias por sacarme de ese apuro, Señor Heredia.
—Sé perfectamente que no necesitabas mi ayuda para ponerlas en su lugar. Solo aproveché la oportunidad para ganar puntos contigo —respondió Hugo. Justo en ese momento, el personal de la cafetería llegó empujando un carrito repleto de postres elegantes.
—Come algo mientras eliges. Así mejorarás tu humor.
Al instante, los gerentes de casi todas las marcas de lujo del centro comercial comenzaron a llegar a la boutique, empujando percheros con sus colecciones más exclusivas, zapatos y bolsos de diseñador.
Vera disfrutó del trato VIP absoluto. Sentada cómodamente en Maison Carole, pudo seleccionar prendas de todas las marcas del lugar.
—Supongo que me buscaba por un asunto de negocios, ¿verdad, Señor Heredia?
Vera se acercó a él después de terminar de elegir. Había intentado pagar, pero las vendedoras le informaron que todo ya estaba cubierto.
Hugo notó la perspicacia y cautela en la mirada de ella, y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—Así es. CFT Global va a establecer una sucursal en el país, y, por supuesto, quiero una parte del pastel.

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